Artículo

Daño colateral

DE CONVICCIÓN LIBERAL

Los 12 años de gobierno del PAN fueron decepcionantes para la mayoría de los empresarios. La agenda ideológica e intelectual de los principales líderes de ese partido coincidía con el diagnóstico que los organismos empresariales habían hecho de la situación económica del País. Por ello, se imaginaron que el triunfo del PAN y la derrota y descrédito político del PRI permitiría avanzar en la implantación de las reformas estructurales que se habían identificado, mismas que una vez implantadas permitirían acelerar el ritmo de crecimiento de la economía.

Los líderes del PAN no estaban preparados para resolver los retos políticos y económicos que enfrentaron. La falta de experiencia del nuevo gobierno pronto se hizo evidente. El Gobierno de Fox invirtió mucho de su capital político en cuestiones de bajo valor; cuando llegó el momento de proponer cambios más significativos, la oposición ya se había reorganizado y el momento políticamente propicio había pasado. Los errores políticos iniciales del Gobierno de Fox fueron muy costosos; su Administración desperdició el prestigio y la fuerza política que tenía al principio del sexenio, invirtiendo su capital político en iniciativas cuyos frutos no rindieron gran cosa.

La decepción de los empresarios con el Gobierno de Fox fue grande. Sus expectativas eran que Fox haría reformas que removieran los obstáculos que impedían que la economía creciera más rápidamente. Los resultados logrados durante ese sexenio fueron pobres y la tasa de crecimiento medio de la economía fue mucho más baja que sus expectativas.

El debate económico se perfiló mucho más claramente en los comicios de 2006 que en las elecciones anteriores. Una vez más, hubo bastante coincidencia entre la propuesta económica del candidato del PAN y el diagnóstico de los organismos del sector privado. Durante la campaña, Calderón habló sobre la necesidad de hacer cambios profundos a las estructuras económicas del País. Eso más el hecho de que Calderón era un político más experimentado que Fox les hizo pensar que ahora sí prosperaría la agenda de cambios estructurales.

La competencia política de 2006 fue entre dos candidatos que representaban visiones muy diferentes de cómo conducir la economía. Calderón tuvo el respaldo del sector privado porque prometió remover los obstáculos al crecimiento económico. Por contra, la campaña de López Obrador estuvo dirigida a obtener el respaldo de personas y grupos políticos que sentían afinidad con el modelo Estatista del pasado. Lo que Calderón ofrecía reestructurar, el otro ofrecía preservar y fortalecer, sobre todo en el caso del sector energético. En esa campaña, la oferta política del PRI fue menos clara y convincente. Por esa razón y varias más, su candidato quedó relegado a un tercer lugar muy distante.

La diferencia de votos entre Calderón y López Obrador fue muy pequeña. El candidato del PRD aprovechó este resultado para cuestionar los resultados de las elecciones de manera feroz. Consecuentemente, Calderón llegó al poder con poco capital político que invertir en iniciativas de cambios profundos. Esta situación favoreció al PRI. Cualquier cambio importante que se propusiera tenía que contar con su respaldo. La debilidad política de Calderón hizo que fuera imposible modernizar la economía. Nuevamente, se frustraron las expectativas de los empresarios.

Durante los comicios del año pasado, el candidato del PRI hizo suya una agenda de cambios profundos. Después de 12 años de resultados económicos pobres, el voto favoreció al candidato de ese partido. El mandato que recibió fue claro: la mayoría abrumadora del voto respaldó a los dos candidatos que habían prometido cambios estructurales. Para evitar quedarse al margen de los procesos de cambio, el PRD decidió participar en el Pacto por México, afianzando con ello el respaldo político a favor de una agenda de cambios profundos.

Los primeros resultados del Pacto por México fueron alentadores para los que deseaban estos cambios. Pero el costo político para los dos partidos de oposición aliados al PRI fue subiendo conforme avanzaba el Pacto. La reforma fiscal fue la gota que derramó el vaso. Para mantener al PRD dentro del Pacto, el Gobierno pactó cambios fiscales que crearon gran confusión y desánimo en el sector empresarial. Tal fue su decepción que muchos empresarios piensan que para mantener la paz política el Gobierno abandonará la reforma estructural del sector petrolero.

La naturaleza de la "reforma fiscal" del Ejecutivo tomó por sorpresa a los empresarios y provocó que muchos de ellos se sintieran traicionados por el Gobierno actual. Si a esto se suma el desempeño tan pobre de la economía y la gran incertidumbre que hay en torno a la capacidad del Gobierno federal para llevar a buen puerto la agenda de cambios estructurales, no debe sorprender que muchos de ellos piensen que los conflictos políticos otra vez han causado daños colaterales irreparables a la agenda de modernización de la economía.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.

Publicado por Reforma 

14-11-2013