Artículo

David y Goliat

Uno de los aspectos de la reforma energética que menos atención ha recibido pero que más valor está aportando fue el establecimiento de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH).  La Comisión se creó con el fin de optimizar el valor económico de las reservas de hidrocarburos.  Corresponde a la CNH aprobar la estrategia de desarrollo de los campos petroleros asegurando que las prácticas de exploración y explotación que se utilicen maximicen el valor presente de las reservas.  Su razón de ser es velar por el interés económico de los mexicanos, que somos los dueños de esos recursos.
La CNH vino a llenar un hueco que había en el marco institucional del sector petrolero.  A pesar de que el petróleo es parte del patrimonio nacional, no había ningún ente exclusivamente encargado de asegurar su valor.  Hasta hace poco, SHCP y PEMEX compartían esa responsabilidad, pero los dos tenían conflictos de interés: PEMEX porque su mayor prioridad era hacer crecer la producción y SHCP porque su primer interés era la recaudación de impuestos y derechos.  Si bien estos propósitos son legítimos, sería una casualidad que cualquiera de ellos coincidiera con el manejo de reservas que maximiza su valor económico.  Tenemos un ejemplo de lo anterior en el debate que están librando la Comisión y PEMEX sobre el desarrollo de los yacimientos de Chicontepec.
Desde hace varias décadas se sabe que en Chicontepec hay grandes cantidades de petróleo y gas; alrededor de la mitad de las reservas probables y probadas están en esa zona.  El problema es que estos yacimientos son muy difíciles de explotar, aun con técnicas de producción modernas.  Si no lo fueran,  hace mucho que se hubieran desarrollado.  Pero, recientemente, se tomó la decisión de invertir en serio en su desarrollo.  Durante los últimos 3 años, se han invertido alrededor de 5 mil millones de dólares en la zona, con resultados muy decepcionantes.
Cuando la CNH se percató que el programa de PEMEX estaba rindiendo resultados muy pobres cuestionó la estrategia de producción de PEMEX y recomendó que se redujera el ritmo de inversión hasta que la paraestatal contara con mejores evidencias geológicas sobre el tamaño y valor potencial de los yacimientos.  También cuestionó si PEMEX y sus subcontratistas cuentan con las pericias técnicas requeridas para explotar estos yacimientos. 
Los cinco mil millones de dólares invertidos sin resultados económicamente plausibles debieron ser motivación suficiente para que se cuestionara la sabiduría de seguir invirtiendo, pero ni a la paraestatal ni al gobierno federal parece caerle bien que se cuestionen sus decisiones.  Así, la pregunta de qué  hacer con Chicontepec dejó de ser una cuestión técnica y se convirtió  en una prueba de la calidad y robustez del nuevo marco institucional.
Recientemente, la CNH también ha cuestionó la estimación de las reservas probables y posibles de Chicontepec hechas por una firma especializada.  A raíz de esto, la empresa contratada para hacer estas estimaciones rectificó y publicó datos preliminares menos optimistas que los originales.  Pero para entonces ya era tarde, el tema había dejado de ser técnico y se convirtió político, involucrando hasta al   Presidente, quién tomó partido con los datos de PEMEX que la CNH había cuestionado. 
Esto no es una tragedia, puesto que cuando se sepa con mayor certidumbre quién tiene la razón habrán pasado meses y quizá hasta años.  No, lo que le da importancia al debate es que está a prueba el diseño institucional derivado de la reforma energética.  Queríamos una institución que asumiera su papel con valor e independencia.  Ahora es clave asegurar que se le dé su lugar.  Si a la larga el único resultado positivo de la reforma energética resulta ser la creación de la CNH, este no habrá sido un logro pequeño.
Durante los meses próximos seguirán los desencuentros entre PEMEX y CNH.  Se enfrenta un Goliat contra un David.  Goliat tiene a su favor su prestigio, su tamaño y la influencia que deriva de su papel en la economía.  También cuenta con el apoyo de las empresas que ha sub-contratado para desarrollar Chicontepec.  Por su parte, la CNH llega al debate armas equivalentes a la sonda que usó David para noquear a Goliat.  Los misiles que usará en el combate son un puñado de datos e informes técnicos y la voluntad de los Comisionados de hacer cumplir su mandato.  Pero la CNH tiene buen tino, una estrategia adecuada y es valiente.  Por ello, le voy a la CNH; estoy seguro que con estas armas y esa voluntad no puede perder.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Consejo del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.