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De Turista en Chiapas

Me da pena decirlo, pero nunca había visitado Chiapas en plan de turismo hasta esta semana pasada.  Todos los viajes que había hecho anteriormente, habían sido viajes cortos de negocios a Tuxtla Gutiérrez y Tapachula.  En esta ocasión visitamos Palenque, San Cristóbal y muchos sitios bellos que los turistas frecuentan cuando visitan el Estado: Yaxchitán, Bonampak, Agua Azul, San Andrés Larrainzar, San Juan Chamula; Magdalena y Ocosingo).  Me quedé con impresiones mixtas y con más preguntas que respuestas.

Por ejemplo, no entiendo por qué no hay una mayor presencia de las principales cadenas hoteleras en la región.  Palenque y San Cristóbal son destinos turísticos importantes, pero en los dos casos la oferta hotelera es relativamente modesta.  Está compuesta sobre todo de pequeños hoteles autónomos, en su mayoría, relativamente austeros.  Las marcas hoteleras más conocidas brillan por su ausencia.  La oferta restaurantera está por el estilo.  Quien ponga un restaurant de buena calidad en Palenque se hará rico. 

La mayoría de las personas con las cuales interactuamos eran amables y hospitalarias, pero no todas.  Por ejemplo, cuando mi esposa y su amiga se negaron a comprarle dulces a una niña en Agua Azul, esta espetó a sus espaldas: ojalá mañana se mueran.  Afortunadamente las dos señoras estaban tan metidas en su conversación que no se dieron cuenta.  Me imagino que la adolescente las confundió con personas del extranjero, puesto que puso cara de sorpresa y alarma cuando le reclamé por lo que había dicho.  Pero si su conducta es ilustrativa de un sentimiento xenófobo generalizado, quizá esto explique porque en la zona no operan más empresas reconocidas de turismo..
 
Nunca antes había presenciado una conducta tan hostil como la descrita en el párrafo anterior, pero temo que quizá no es atípica.  En el mercado de San Cristóbal presencié un intercambio que empezó como una simple transacción comercial, pero que en su momento más acalorado incluyó comentarios sobre el carácter de los americanos y las causas de la pobreza de los chiapanecos.  En este caso las cosas terminaron bien, pero los comentarios que hizo el mercader apuntan a que un segmento de chiapanecos guarda rencor hacia los fuereños, sobre todo si parecen americanos.  Disto mucho de ser un experto sobre los sentimientos que prevalecen en el Estado, pero estos dos incidentes y otros intercambios menos notables me dejaron preocupado e interesado en entender qué se puede hacer para cambiar los sentimientos de la población local.

Los que leen mi columna saben que soy amigo del cambio.  Pienso que para que el País avance es indispensable transformar las estructuras económicas, políticas y sociales que atrapan a millones de mexicanos en la pobreza.  Pero cualquier cambio por bueno que sea viene aparejado de costos que muchas personas no quieren pagar. 

El 1° de enero de 1994 marcó un hito muy importante en la vida de Chiapas y del País.  La mayoría de los mexicanos asociamos esa fecha con el inicio del TLC, el cual intensificó el proceso de integración de la economía nacional con la global.  El inicio del TLC fue un parte-aguas.  A pocas semanas de esa fecha el sistema político estaba en crisis y unos meses más tarde, la economía también.  Para el año 2000, el País estaba totalmente transformado.  El proceso de cambio culminó con la elección de un Presidente que ya no era del PRI.  La siguiente década se caracterizó por vaivenes políticos y económicos y por una fuerte turbulencias política que se intensificó durante las elecciones de 2006.  Los cambios que vivimos a partir del 1° de enero de 1994, en su mayoría fueron positivos, pero sacudieron a la sociedad, creando nuevos grupos de ganadores y perdedores e induciendo un profundo malestar y sentido de confusión.

Algo similar, pero aun más intenso y significativo sucedió en Chiapas.  Para la población del Estado el 1° de enero está asociado con el levantamiento zapatista.  A partir de esa fecha, el Estado ha vivida una profunda transformación.  El cambio en Chiapas ha sido mayor que el que hemos vivido en otras partes del País.  El levantamiento zapatista catalizó cambios que se ven y se sienten: La infraestructura física es nueva; las instituciones también los son, pero aun no se han consolidado.  Las cuestiones que despertaron la indignación de los chiapanecos todavía no están resueltos.  En el contexto actual lo sorprendente hubiera sido que la población toda estuviera satisfecha con los cambios que se han gestado.  Eso es lo que yo quería encontrar, pero reconozco que fui ingenuo.  El cambio que se está gestando en Chiapas es necesario pero doloroso. 

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.