Artículo

Decepcionante

Le he dado vueltas y vueltas a la propuesta fiscal del Gobierno federal. Por más que trato sigo sin entenderla puesto que no cabe dentro de agenda de modernización del Gobierno de Peña Nieto. El diseño de la propuesta que el Gobierno turnó al Congreso corresponde a otros tiempos y persigue fines y filosofías que son ajenas a las demás propuestas de reforma que ha planteado el Presidente. El hilo conductor de las propuestas previas de reforma del Presidente había sido procurar por la modernización de la economía del País. Hasta hace dos semanas, iban bien. Las propuestas del Gobierno federal compartían atributos que hacían que lucieran como si fueran de una sola pieza. Cierto es que algunas de las reformas anteriores resultaron menos audaces de lo deseable (v.gr. la Ley Federal del Trabajo), pero todas apuntaban en la dirección directa. Por ello, habían provocado entusiasmo entre analistas de todo el mundo. No así la propuesta fiscal, que ha decepcionado hasta a los grupos más afines al Gobierno. El principal acierto de Peña Nieto durante la campaña fue proponer una agenda de cambios estructurales para remover los obstáculos que tienen estancado el crecimiento económico desde los ochenta.Hartos del crecimiento tan bajo, los mexicanos votaron a favor de los dos candidatos que hicieron este tipo de oferta. Peña Nieto fue el candidato más convincente y aprovechó los primeros meses de su Gobierno para proponer y promover cambios del tipo que la mayoría de los ciudadanos buscaban. Esos primeros meses consolidaron el apoyo a Peña Nieto aún entre los que dudaban de su compromiso con la modernización económica. Pocos nos imaginamos que fuera a tropezarse tan grotescamente al momento de confeccionar su propuesta fiscal. El paquete que el Presidente envió al Congreso contiene elementos que están contrapuestos con otros elementos de su agenda económica. La propuesta fiscal, lejos de fortalecer la competitividad de la economía, la debilita. Por ejemplo, el proyecto de Ley encarece la contratación de trabajadores por empresas formales puesto que suma el seguro de separación (mal denominado de desempleo) al costo de liquidación que establece la LFT. Si el seguro en cuestión se hubiera establecido para sustituir lo que actualmente marca la LFT, el efecto neto hubiera sido mejorar la movilidad de los trabajadores en la economía formal. Pero lo que se propone implantar es en adición al costo actual de las liquidaciones; lo que se propone encarecerá el empleo formal sin mejorar la movilidad de los trabajadores. Este caso no es un problema aislado. Otras propuestas surtirán efectos indeseados, como la que impone un tope a las prestaciones que son deducibles de impuestos o la homologación de las tasas de cotización del IMSS. Si a estos cambios se suma el efecto que tendrá la propuesta de eliminar la consolidación de pérdidas entre empresas de un mismo grupo económico, el efecto neto sobre la competitividad serán negativos, puesto que reducirán los rendimientos de los accionistas. Lo peor del caso, es que el beneficio para el Gobierno será pasajero, puesto que la solución obvia para anular la eliminación de la consolidación de pérdidas es fusionar a empresas que actualmente operan como unidades de negocios independientes. Tristemente, esta reacción causará que disminuya la transparencia de la información que reportan grupos empresariales complejos. La propuesta tiene otros efectos lamentables puesto que también fortalecerá los incentivos para participar en la economía informal. Un ejemplo de lo anterior es la propuesta de pagar una pensión mínima a las personas que no estén cubiertas por un sistema de seguridad social. Esta propuesta debilitará uno de los principales motivos para inscribirse en el IMSS y premiará participar en la economía informal. Lo más curioso del caso es que los técnicos de SHCP no se cansaban de criticar el Seguro Popular de Fox por este mismo defecto. Pero quizá lo más decepcionante de la reforma es que el paquete hacendario propuesto rompe con la disciplina fiscal que se había conservado desde 1998. La propuesta del Gobierno federal intensifica el crecimiento del gasto público y descansa sobre un argumento anti-cíclico muy endeble, pero políticamente atractivo. Lo que se percibe entre líneas es un regreso a las malas costumbres de antaño. Si el paquete fiscal pasa como está propuesto alimentará apetitos insaciables, fortalecerá intereses clientelares y creará obligaciones fiscales que serán difíciles de eliminar en el futuro. El Gobierno perdió la oportunidad de proponer una fórmula fiscal apropiada para una economía moderna. Si algo conocemos los mexicanos es del costo de cargar un Gobierno obeso que impone cargas económicas sin generar beneficios sostenibles. Ojalá que el Gobierno recapacite y corrija las deficiencias del paquete fiscal actual. Aprobar el paquete propuesto sería un grave error. Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.