Artículo

Déficit democrático

La revista Economist acaba de publicar un artículo excelente en el que analiza el reto político que enfrenta Europa para resolver la crisis económica que afecta a la región y asegurar la permanencia del euro. Su argumento sigue esta línea discursiva: para resolver la crisis del euro hace falta una estructura política federal que facilite la creación de un pacto fiscal paneuropeo que permita usar la fortaleza del conjunto de países europeos para resolver los problemas fiscales de varios de los países de la comunidad. Los autores del artículo encuentran las raíces del problema político actual en el momento del establecimiento del euro. Arguyen que como entonces no estaban presentes las condiciones políticas necesarias para crear un Estado federal europeo, se tomó la decisión de perseguir un proyecto menos ambicioso, que constaba exclusivamente del establecimiento de una moneda común para el continente. Las mismas condiciones políticas adversas causaron que se decidiera “vender” el establecimiento del euro enfatizando los argumentos técnicos que justificaban su creación: costos de transacción más bajos dentro de la región, condiciones financieras homogéneas en la comunidad y mayor estabilidad de precios dentro al encomendar la política monetaria a un banco central europeo que operaría con mayor autonomía de las presiones políticas que se ejercen a nivel nacional.

Por ello, la legitimidad del nuevo arreglo económico ha estado atada exclusivamente a los beneficios económicos que aporta la moneda y no a las bondades políticas y sociales que brinda contar con un pacto supranacional que abarca a todos los países de la zona del euro. Los autores del artículo se refieren a esta condición como el déficit democrático del euro. Arguyen que si en ese momento fundacional se hubiera puesto hincapié en comunicar los beneficios no-económicos del pacto supranacional, hoy sería mucho más fácil salir a la defensa de un acuerdo fiscal y financiero para defender la integridad del euro. En cambio, lo que sucede es que la crisis económica de Europa está causando gran turbulencia política y económica. Desde que inició la crisis han caído nueve gobiernos y la región lleva 3 años de desempeño económico muy pobre que probablemente se extenderá varios años más.

Ahora bien, ¿qué podemos aprender de la crisis económica europea? Yo veo dos grandes lecciones: La primera es evitar esconder decisiones trascendentes (como la creación del euro) detrás de una nube de argumentos técnicos, generalmente de corto plazo, aun cuando estos sean válidos. La crisis del euro muestra que entre más trascendente sea una decisión, más importante es explicar por qué es buena e indispensable para apuntalar el bienestar de la mayoría de la población que se verá afectada por ella.

Los políticos mexicanos han cometido este error en varios casos sin que emerja un líder que esté dispuesto a explicar qué cambios se requieren y por qué esos cambios tienen que ser profundos. La reforma energética es un caso ejemplar de lo anterior: Urge a México llevar a cabo una reforma integral que simultáneamente permita introducir competencia en la distribución y abastecimiento de combustibles y electricidad, establecer un programa de exploración, producción y transporte de petróleo que apuntale la exportación de manufacturas y, por último, crear un fondo intergeneracional con las rentas del petróleo. En vez de llevar a cabo una discusión franca y abierta de estos temas, los políticos de los tres partidos han entrado en simulaciones, fingiendo que podemos seguir haciendo más de lo mismo que históricamente hemos hecho, sin pagar las consecuencias de lo anterior. Esta actitud es suicida: cuando las carencias del modelo actual hagan crisis, no será un buen momento para cambiar lo que no está bien con el modelo actual. El sector energético no es el único que está en esta situación, varios otros sectores enfrentan situaciones igualmente preocupantes, como los sectores de educación, las telecomunicaciones, la agricultura tradicional y varios más.

La segunda lección es evitar enfrentar problemas hoy porque sus impactos se sentirán hasta dentro de varios años. En esta situación estamos en varios sectores como el de educación, que es el más preocupante, pero hay varios más. Entre estos destaca la situación crítica de las reservas de ahorros para financiar la jubilación de los trabajadores que se aproximan al retiro. Al paso que vamos, la mayoría de los mexicanos está condenada a ingresos muy bajos durante su senectud. Este problema se tiene que resolver hoy, aun cuando sea políticamente costoso reconocer lo mal que están las cosas.

Construir un México fuerte requiere enfrentar la realidad con propuestas constructivas que estén apuntaladas en grandes acuerdos democráticos. Significa reconocer todo lo que debe cambiar.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.