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Del 2008 al 2013

El 23 de octubre de 2008 fue un día movido en la vida de nuestra República y en el singular ajetreo de la Ciudad de México. En el centro de la capital, los senadores buscaban una sede alterna para votar los siete dictámenes que conformaban la llamada reforma energética. La casona de Xicoténcatl, el antiguo recinto del Senado, fue bloqueado por simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador. Apenas un día antes un grupo asesor de AMLO, donde participaban destacados intelectuales de izquierda como Rolando Cordera o Ifigenia Martínez, había dado el visto bueno a las iniciativas que votaría el Senado.

Gerardo Esquivel, economista del Colmex y Harvard, le escribió una carta pública al ex candidato presidencial del PRD: "Estimado Andrés. Ya ganaste. En serio. La aprobación de la Reforma Energética en los términos de los dictámenes aprobados en las comisiones del Senado representa un indudable triunfo para ti y para el movimiento que tú encabezas. Con la reforma se abre una nueva (y quizá última) oportunidad para tratar de consolidar un programa de desarrollo energético apoyado en la rectoría y conducción del Estado". A pesar del consejo técnico de sus asesores, AMLO decidió salir a la calle y movilizar a sus seguidores para cerrar el acceso al recinto legislativo. Los senadores tuvieron que aprobar la iniciativa en una sede alterna. Cinco días después, el 28 de octubre, los diputados dieron ratificación definitiva a la reforma energética.

El presidente Felipe Calderón consideró que la ocasión ameritaba un mensaje de televisión en cadena nacional. Esa noche, sin escatimar optimismo, el entonces mandatario panista afirmó: "Gracias al patriotismo, a la visión y a la altura de miras de nuestros legisladores, México ha alcanzado un logro que bien puede calificarse de histórico, ya que esta es la Reforma más importante en esta materia desde 1938, cuando se nacionalizó la industria petrolera... La Reforma permitirá a Petróleos Mexicanos fortalecer sus capacidades de exploración y extracción de petróleo y de gas natural".

Han pasado casi cinco años desde aquel "momento histórico". ¿Qué lecciones nos dejó aquel esfuerzo por transformar al sector energético mexicano? Si medimos el éxito de la reforma de 2008 en producción de hidrocarburos, su efecto fue un desastre. En 2012, México produjo 14% menos del gas natural que producía en 2009. En consecuencia, las importaciones han aumentado en un 40% en el mismo periodo, a pesar de que tenemos las sextas reservas de gas shale más grandes del mundo. Como sólo tenemos nueve ductos para importar gas de EU y estos tubos ya están saturados, fue necesario traer este combustible por barco de países tan remotos como Noruega o Nigeria. Mientras México sufre por importar gas de África, Europa y Sudamérica, nuestros vecinos gringos multiplicaron más de cuatro veces su producción de gas shale en estos años.

¿Y el petróleo? En octubre de 2008, el mes de aprobación de la reforma, México produjo 2.7 millones de barriles diarios de crudo. En mayo de 2013, la producción fue de 2.5 millones. Si le preguntan a un optimista, les dirá que gracias a la reforma de 2008 la producción "se estabilizó". Si me preguntan a mí, yo más bien diría que se estancó a la baja. El problema es que mientras Pemex "estabiliza la producción" México requiere cada vez de más energía para crecer.

El 2008 nos dejó dos moralejas, una política y otra legislativa-económica. La enseñanza política nos dice que los adversarios de la reforma energética, López Obrador para ser más precisos, protestarán con la misma vehemencia si se cambia una coma de la ley secundaria o se reforma el artículo 27 de la Constitución. Ante ese predecible escenario, el gobierno federal cometería un error histórico al salir con una propuesta tibia y carente de ambición. La segunda moraleja es que una reforma que no cambie la Constitución tendrá un impacto irrelevante en la vida económica de México. La reforma de Felipe Calderón fue un fracaso. ¿Enrique Peña Nieto cometerá el mismo error?

Twitter: @jepardinas