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Demanda de inversiones

El Gobierno del Presidente Peña Nieto ha tenido enorme impacto sobre la estructura económica del País. Los cambios constitucionales de los sectores de energía, telecomunicaciones y educación no son poca cosa, como tampoco lo son las adecuaciones hechas a la ley federal de competencia y a las instituciones que regulan las elecciones. Es evidente que Peña Nieto desea ser recordado como un presidente reformador, de la talla de Cárdenas, Alemán o Salinas.

Las reformas estructurales del año pasado pusieron las bases para que el País pueda crecer a un ritmo sostenido más alto. Las reformas están diseñadas para potenciar el crecimiento de la productividad de los factores de producción. Hacer estos cambios era condición necesaria, pero no suficiente para detonar el crecimiento económico largamente deseado. Pero para que eso suceda se tienen que dar dos pasos adicionales: primero aprobar leyes secundarias que satisfagan las expectativas de inversionistas y, segundo, asegurar que en el País haya condiciones económicas que hagan plausible imaginar que los rendimientos de las inversiones incrementales serán más altos que el costo de los recursos empleados.

Los medios han estado repletos de artículos y ensayos sobre las leyes secundarias de los sectores de energía y telecomunicaciones. La magnitud de los cambios esperados es tan grande que ha tenido un efecto inesperado: las inversiones en los dos sectores se han demorado mientras se acaban de definir los detalles de las reglas del juego. Los inversionistas en estos sectores, públicos y privados, no han querido hacer inversiones fuertes mientras queden cuestiones por resolver. Por ello, aunque se anticipa que las leyes secundarias estarán alineadas con el espíritu de las reformas constitucionales, las inversiones esperadas todavía no se materializan.

La demora de inversiones en estos sectores es entendible, pero no tenía por qué haber causado que se dejara de invertir en otros sectores. Por el contrario, las reformas estructurales generaron expectativas económicas positivas sobre el futuro que debieron reflejarse en una ola de inversiones en los demás sectores de la economía. Pero este no fue el caso. Durante 2013 el indicador general de inversión bruta fija cayó 1.8 por ciento respecto al año anterior.

El Inegi acaba de publicar un boletín de prensa que contiene información al respecto. Los datos muestran que el mayor problema tuvo que ver con inversiones en construcciones de todo tipo: vivienda, infraestructura pública y edificios y construcciones de negocios. Pesa tanto la construcción en la formación bruta de capital fijo (alrededor de 65 por ciento del total) que este resultado bastó para que las cifras de inversión del País fueran negativas.

La recesión en el sector de construcción no se puede adscribir a una sola causa. Por ejemplo, la caída de la inversión en viviendas deriva de varias causas: en varias zonas metropolitanas la demanda de vivienda cayó porque había suficiente acervo de viviendas disponible para enfrentar las necesidades de la población y porque muchos de los últimos fraccionamientos que se construyeron no reunían condiciones adecuadas de infraestructura urbana y diseño. La situación económica intrínseca de los compradores también contribuyó a la atonía del ramo y todo esto coincidió con un periodo en el cual los entes gubernamentales encargados del sector revisaron las políticas de financiamiento al mismo. Esto causó que se redujera el financiamiento a la vivienda. Para colmo, el Gobierno recientemente hizo cambios al ISR que desincentivaron la construcción de viviendas de alto valor.

A esto hay que sumar que el gasto de gobierno en infraestructura no despegó al ritmo requerido para contrarrestar lo que sucedía en vivienda. Ejecutivos del ramo me aseguran que esto se debió a la novatez de los encargados de ejecutar estos proyectos y a una actitud excesivamente cautelosa de las autoridades hacendarias federales y estatales.

A todo lo anterior se debe sumar el impacto que tuvo el bajo ritmo de crecimiento de la economía sobre las expectativas de inversionistas privados en varios sectores. En el sector comercio, por ejemplo, la capacidad de instalaciones parece satisfacer las necesidades actuales del mercado. En estas condiciones, la señal para los que deciden es reducir el ritmo de inversiones.

Para que la economía empiece a crecer es indispensable concluir las leyes secundarias y resolver las inquietudes de los inversionistas. Cuando las perspectivas económicas sean más claras, los incentivos para invertir en construcción y otros activos también lo serán y la economía crecerá.

Publicado por Periódico Reforma
04-04-2014