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Desigualdad y movilidad

Durante mis vacaciones escuché un debate sumamente interesante en PBS, cuya sustancia aplica 100 por ciento a México. Los ponentes del debate en cuestión son dos figuras altamente respetadas en el mundo de las políticas públicas: Robert Reich, (ex Secretario de Trabajo de Clinton), quien sigue siendo uno de los economistas más influyentes del Partido Demócrata, y Scott Winship, del Manhattan Institute, quien se separó de ese partido porque se convenció de que la evidencia empírica no respalda la tesis de ese partido respecto al tema de desigualdad.

En esta columna no reproduciré la sustancia de ese debate. Quien quiera conocer los puntos de vista de los dos economistas puede consultar la transcripción del debate en el sitio de PBS. Sin embargo, varios aspectos de esa discusión deben ser tomados en cuenta a la hora de confeccionar políticas públicas para México.

Antes de entrar en mayor detalle, conviene plantear una cuestión que aplica tanto a México como a Estados Unidos: La evidencia empírica muestra que durante las últimas décadas los ingresos de las familias de clase media del País (3º a 9º deciles de ingresos familiares) han crecido en forma sostenida, no obstante que simultáneamente se ha abierto la brecha absoluta y relativa de ingresos entre las familias del 10º decil de ingresos y las demás. La pregunta central es ¿cómo se debe calificar esta situación? ¿Es buena o mala? ¿Requiere la intervención del Estado?

Sin más datos para calificar esta situación, recomendaría que el Estado se abstenga de intervenir. Importa más la mejora del bienestar económico de las familias de clase media que el deterioro de la distribución de ingresos. Pero si adicionalmente hubiera evidencia que mostrara que la movilidad social (probabilidad de que una familia ascienda de un decil a otro a lo largo de su vida productiva) es muy baja o se está deteriorando, entonces sí me preocuparía la distribución de ingresos, puesto que estaríamos en la presencia de evidencia de que se está conformando una sociedad de castas: una en la cual el estadio económico de la nueva generación está determinada al momento de nacer.

Mi esposa y yo conocemos a un matrimonio de clase media baja desde hace casi 20 años. Vimos a sus hijos crecer y desarrollarse. El primero de ellos ya terminó sus estudios universitarios; el segundo está por concluirlos y la tercera está en secundaria y seguirá los pasos de sus hermanos. Los padres de estos hijos han invertido todo su empeño en asegurar que sus hijos logren incorporarse al mundo de los profesionales mexicanos. Su principal aspiración es que sus hijos logren un estándar de vida, absoluto y relativo, superior al de ellos. Es probable que la inercia de crecimiento de la economía cause que su deseo respecto del nivel absoluto de ingresos de sus hijos se cumpla. Pero los padres de estos muchachos también quieren que sus hijos ocupen un "estrato social" más alto. Dada la estructura económica y social del País, estimo que la probabilidad de que también se cumpla esta aspiración es muy baja. La estructura económica de México es tan rígida que casi la única manera de llegar a ser parte de la élite económica y social de México es haber nacido en el seno de una familia de este estrato.

Esto se debe a que en México, como en la mayoría de las economías de mercado, el principal vehículo de movilidad social es el sistema de educación. Como la calidad de la mayoría de las escuelas del País es muy baja, la probabilidad de poder acceder a las instituciones élite de educación superior, donde se forman los profesionales que posteriormente ocupan los roles de liderazgo dentro de la sociedad, también es muy baja. La movilidad social en México es muy baja, entre otras razones, porque el sistema de educación pública es muy pobre y sólo sirve para garantizar la reproducción del statu quo.

La suerte económica de la gran mayoría de los mexicanos esta predeterminada no tanto por su nacimiento, sino por la calidad de la educación que reciben a lo largo de su vida. Los que tienen la suerte de contar con padres que los ayudan a acceder y concluir estudios en uno de los pocos programas académicos de excelencia del País tienen abierto el camino al éxito. Los que no tienen esta suerte están atrapados en la gran masa, aun cuando hayan concluido estudios universitarios. Si queremos una sociedad con mayor movilidad social, es indispensable mejorar la calidad y capilaridad del sistema educativo, en todos sus niveles, para crear vehículos que dinamicen la movilidad social en el País.

Publicado por periódico Reforma.

09-01-2014