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Desorden internacional

*Las opiniones expresadas en esta columna son personales.

Los conflictos que se manifestaron durante la reunión del G-7 en Quebec son emblemáticos del daño que Trump está causando al orden internacional establecido.
El G-7 se creó en 1975 con el fin de coordinar las políticas económicas de las seis economías de mercado más grandes, más Canadá, para lidiar con los efectos de la crisis económica que había causado la decisión del cártel de exportadores de petróleo (OPEP) de aumentar los precios del insumo.

La decisión de OPEP tuvo efectos disruptivos sobre la economía global. El alza del precio del petróleo detonó un periodo de gran inestabilidad en los mercados financieros y provocó inflación y recesión en la mayoría de las economías importadoras.
Conjurada la crisis petrolera, los países del G-7 reconocieron que les convenía seguir contando con una institución compacta de aliados que tuviera la agilidad requerida para promover una agenda económica que fuera útil no sólo en tiempos de crisis, sino en periodos de crecimiento y estabilidad.

El mismo propósito de acción coordinada animó a los integrantes del G-7 a apoyar el establecimiento en 1999 de un grupo más amplio, el G-20. Esa decisión abrió espacios de participación a un conjunto de economías emergentes que habían ganado importancia en la economía global, como son las economías de China, Corea, México, Brasil, Rusia y la India.

Hasta la fecha, la permanencia del G-7 nunca ha estado en duda. Los siete aliados originales han sostenido reuniones anuales desde su creación. Actualmente, las cumbres del G-7 son vistas como uno de los eventos económicos internacionales más relevantes.
Por todo lo anterior, la conducta de Trump durante y después de la Cumbre de Quebec fue un hito dramático en la vida de la alianza económica.

El conflicto entre EUA y sus aliados en la Cumbre se veía venir.
La decisión de Trump de imponer aranceles al acero y aluminio de Canadá, México y la Unión Europea motivó a los gobiernos de esos países a imponer medidas arancelarias equivalentes y protestar el proteccionismo de EUA ante la OMC y en los medios.

La molestia del gobierno de Canadá con los aranceles fue comunicada vehementemente por el Primer Ministro Trudeau. En los días previos a la Cumbre el mandatario criticó la medida y aseveró que el argumento de seguridad nacional utilizado por Trump para justificar los aranceles era ofensivo para los canadienses quienes habían mostrado ser amigos fieles de EUA en múltiples conflictos armados durante más de un siglo. Los otros cinco aliados se expresaron con mayor cautela, pero podrían haber dicho lo mismo.

En vez de ofrecer una disculpa, Trump arremetió aún más duro contra los aliados reunidos en el G-7. Primero, la Casa Blanca anunció que Trump abreviaría su estancia en Quebec para "atender asuntos más importantes" (la cumbre en Singapur con el dictador norcoreano). Después, sin consultar a los demás participantes del G-7, declaró que la utilidad de las juntas del G-7 era baja por la ausencia de Rusia en la Cumbre.
La reunión del G-7 fue un happening.

A lo largo de la junta la conducta de Trump fue errática, petulante y ofensiva. El consenso en medios internacionales es que Trump aprovechó la Cumbre para exhibir su ego monumental.
Un artículo de Der Spiegel ilustra el consenso internacional: "La debacle del G-7 ilustra que el principal problema con las políticas de Trump es Donald Trump....Su conducta no es ordenada, ni lógica. Lo único que le importa es mostrar su superioridad e importancia. El colapso de la alianza occidental y de décadas de amistad se debe a sus delirios de grandeza (ego trips)".

Los demás mandatarios presentes en la Cumbre hicieron todo lo posible por evitar que la reunión fracasara. En sesiones de trabajo que duraron hasta la madrugada redactaron un borrador de acuerdos que Trump aprobó antes de viajar a Singapur.
Pero antes de que se publicara el acuerdo del G-7, el Primer Ministro canadiense reiteró que los canadienses estaban ofendidos con las medidas instrumentadas por Trump y manifestó que no estaban dispuestos a ser acosados por el gobierno americano.

Cuando Trump se enteró de lo dicho por Trudeau lo acusó de ser "mentiroso y débil" y dio instrucciones para que los representantes de EUA se retiraran de la Cumbre sin ratificar el acuerdo final y para que sus colaboradores atacaran al Primer Ministro canadiense.

En suma, en la Cumbre de Quebec Trump volvió a golpear al orden internacional establecido. Su conducta mostró que su objetivo de largo plazo es deshacer el marco institucional internacional actual para que EUA pueda imponer su voluntad al resto del mundo con base en su poderío político, económico y militar.
El mundo se mueve en una dirección muy peligrosa en lo que más cuenta es la fuerza.

Publicado por Reforma
14-06-2018