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Dilemas de la Recuperación

En corto plazo, la economía global tendrá que enfrentar y resolver dos crisis. El entorno económico para el País dependerá de cómo se manejen los dos casos.
El primero de ellos tiene que ver con la crisis fiscal que enfrenta Grecia. El problema de este país es de solvencia, no de liquidez. La deuda del gobierno es impagable bajo condiciones actuales: El monto de la deuda asciende a un nivel muy superior a su PIB. Servir el costo de la deuda de Grecia cuesta alrededor del 5% de su PIB al año. A tal suma se tienen que sumar los pagos del principal sobre la deuda, y sin tomar en cuenta
el costo de los servicios que provee el gobierno a esa sociedad. La suma total es muy superior a lo que el estado griego puede pagar.
La situación financiera del gobierno de Grecia es tan grave, que el costo de la deuda en el margen es de más de 30% en Euros. Esos rendimientos son más altos que los que se cobran a emisiones de bonos chatarra. Ningún banco comercial o acreedor privado está dispuesto a prestar a tasas más bajas que estas. El consenso de los mercados de capitales es que Grecia está en bancarrota. En condiciones normales, el gobierno del país entraría en default.
Pero nadie en Europa quiere que esto suceda. El riesgo de que la crisis de Grecia se convierta en una crisis bancaria global es muy alto. Una proporción muy alta de la deuda de Grecia está fondeada por bancos comerciales europeos, sobre todo alemanes y franceses. Si Grecia incumple, otros países probablemente seguirían su ejemplo, entre ellos Irlanda, Portugal, España, Italia y Bélgica. A la banca europea no le quedaría remedio más que reconocer pérdidas. Esto obligaría a los gobiernos respectivos entrar al rescate, con los consecuentes efectos fiscales y financieros. Sin lugar a dudas, los efectos de esta nueva crisis se extenderían a la banca de Estados Unidos, que aún no se recupera de su propia crisis, y la resultante probablemente acabaría con el régimen monetario de Europa y el Euro.
El dilema que confronta Europa es si aceptar el default de Grecia hoy, o más tarde. Si el problema se pudiera contener a solo Grecia el problema sería relativamente sencillo. Los gobiernos de Europa aceptarían el estado de insolvencia y vendría un periodo de intensas negociaciones para asignar los costos correspondientes a los diversos acreedores así como un programa de re-pago del saldo de deuda resultante. Lo que los banqueros multilaterales tratarían lograr es minimizar el costo social de las pérdidas para la Comunidad Europea y evitar crear precedentes que generen incentivos perversos.
El problema es que la bancarrota de Grecia, tendría efectos sistémicos. Lo probable
es que las autoridades europeas concluyan que lo más conveniente es comprar tiempo, proveyendo recursos a Grecia mientras se hace lo posible para que los efectos concatenados acaben con la banca europea.
La otra gran crisis es en EUA. Su situación fiscal todavía no es tan grave como la de Grecia, lo que sí está claro es que su situación fiscal es insostenible: El déficit fiscal es enorme y nivel de deuda está cerca a niveles críticos. Lo que sucede en EUA es que no hay no hay consenso sobre cómo salir del problema. Los radicales del partido Republicano quieren bajar aún más los impuestos y forzar que todo el ajuste se pague vía
reducción de gastos. Los radicales del partido Demócrata quieren mantener (y en algunos casos hasta subir los gastos) y hacer los ajustes, vía impuestos más altos. El debate en el país vecino se ha convertido en una batalla campal. Las relaciones entre los dos partidos se han tensado tanto que existe el peligro que el Congreso americano no autorice que se aumente el techo de la deuda del gobierno federal. Técnicamente, esto causaría que la economía más grande del mundo incumpliera sus obligaciones financieras. Los efectos del default americano serían enormes: Golpearía al sector financiero internacional; pegaría a sus acreedores internacionales, sobre todo China y Japón, pero de paso México, y afectaría las expectativas de los consumidores americanos.
La solución técnica al problema fiscal de EUA es trivial; el verdadero reto es político.
Es obvio que se tiene que reducir el gasto corriente; también que es necesario aumentar los ingresos del gobierno. Pero, los radicales de los dos partidos no están dispuestos a negociar una solución intermedia.
El peligro en EUA es que los radicales dicten las condiciones de la negociación y no permitan encontrar una solución pactada.
Si estalla cualquiera de las dos crisis, golpeará a nuestra economía, reduciendo nuestras exportaciones y causando que aumente el costo de capital que pagan las empresas y el gobierno. Pero lo más temible probablemente sea el efecto que esto tendrá sobre las expectativas de los consumidores.
Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Consejo del IMCO. Las opiniones
en esta columna son personales.