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Dirección general de la OMC

En pocos meses iniciará el proceso para nominar al sucesor de Pascal Lamy, actual director general de la Organización Mundial de Comercio, cuyo periodo concluirá en agosto del año entrante. El nombramiento del nuevo director general será una señal importante sobre el futuro del comercio internacional.

La OMC es uno de los organismos internacionales más importantes: es la única organización mundial que se encarga de establecer las reglas para el comercio entre los países. No sólo está encargada de definir las normas para el comercio, también es responsable de interpretar estas normas cuando uno de sus socios viola las reglas comerciales establecidas.

Parafraseando a su actual director general, la misión de la OMC es: “proveer un foro para negociar acuerdos que reduzcan los obstáculos al comercio internacional y aseguren que las reglas del juego comercial se aplican igualmente para todos los países, con el fin de favorecer el crecimiento y desarrollo económico”.

El organismo tiene una larga historia. Su antecesor, el GATT (Acuerdo General de Comercio y Aranceles), junto con la ONU, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, fue una de las instituciones que se establecieron para proveer el andamiaje institucional que propiciara condiciones para el crecimiento sostenido de la economía mundial.

El éxito histórico de la OMC es indiscutible: actualmente, 157 países se rigen con base en sus reglas, incluyendo todas las economías más importantes del mundo, las cuales rigen sus flujos comerciales con base en sus normas.

Pero, no obstante el acervo de evidencias que muestran el impacto positivo del organismo, recientemente la OMC no ha tenido el éxito acostumbrado: no ha logrado eliminar obstáculos al flujo de productos agrícolas; tampoco ha logrado definir reglas aceptadas por todos para el intercambio de servicios y productos intangibles. El organismo tampoco ha tenido éxito asumiendo un rol de liderazgo coordinando la respuesta de sus miembros a la crisis económica internacional, ni ha encontrado una fórmula de gobierno institucional que permita incorporar los puntos de vista de naciones como China, Brasil y la India, sin poner en riesgo su razón de ser como paladín de la apertura de los mercados. Por ello, a nivel mundial, actualmente hay una percepción de que el organismo está pasando por una crisis, similar a la del FMI en otro frente.

En este contexto, el nombramiento del nuevo director general será particularmente importante, puesto que marcará el rumbo que tomará la institución en el futuro próximo. Si el próximo director general no está comprometido con la misión institucional histórica de la OMC, es probable que el organismo siga perdiendo influencia y que se intensifique el proceso de negociaciones comerciales entre los países al margen de la OMC. Esto marcaría el fin de la OMC como la conocemos.

Las reglas misteriosas de la diplomacia internacional que se usan para asegurar los equilibrios internacionales establecen que toca elegir a un director general que provenga de un país en vías de desarrollo. Como Naciones Unidas está precedida por un coreano y ya tocó el turno a un tailandés presidir al organismo, es poco probable que se escoja a un candidato de Asia. Tampoco es probable que se escoja a un director general (DG) de África, tanto porque las economías de ese continente son pequeñas como porque los países de la región tienen dificultades para colaborar en estas situaciones. Esto significa que es probable que el próximo DG sea latinoamericano, siempre y cuando los países del subcontinente puedan ponerse de acuerdo en un candidato único para la región.

En la práctica, sólo tres países pueden aspirar a este nombramiento: Brasil, Chile y México. Para que el próximo DG sea de Brasil, los diplomáticos de ese país deben convencer a los representantes de EU, Japón y la Comunidad Europea de que sus políticas comerciales son afines a los propósitos tradicionales de la OMC. Francamente, no veo cómo lo puedan lograr.

Chile también podría ser la cuna del nuevo DG, pero su economía y su participación en el comercio internacional son pequeñas.

Queda México. La historia económica internacional reciente del País está totalmente alineada con el ideario de la OMC. Consecuentemente, sería relativamente fácil construir un argumento que favoreciera a un candidato mexicano. Esto significa que el próximo DG podría ser mexicano, siempre y cuando encontremos uno que reúna las condiciones mínimas para ese papel. Creo que lo tenemos. Se trata de Eduardo Pérez Motta, el actual Presidente Comisionado de la Comisión Federal de Competencia, cuya hoja de vida parecería que fue diseñada para ocupar el puesto en cuestión. Ojalá que el Gobierno entrante y el saliente se puedan coordinar para negociar y promover su nombramiento.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

Las opiniones en esta columna son personales.