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Dogmas y datos

*Las opiniones expresadas en esta columna son personales.

Julio Scherer, el fundador de la revista Proceso, ocupó un verbo fundamental para titular su libro de apuntes autobiográficos: Vivir. En este recuento de afectos y memorias, Scherer comparte su pasión por el libro Los hermanos Rajk, de Duncan Shiels. El volumen narra la historia de dos hermanos húngaros que se amaban por sus lazos de sangre pero chocaban por sus preferencias políticas. Uno era fascista y el otro comunista, ambos vivieron la Segunda Guerra Mundial y el dominio soviético de Europa del Este desde dos trincheras antagónicas.
Hoy, las diferencias ideológicas aún pesan y dividen, pero la distancia política más importante entre dos personas es su disposición para asumir los datos duros y la evidencia científica como referentes del debate público. En la era de las noticias falsas y los hechos alternativos, los hermanos Rajk no estarían divididos por la suástica nazi o la hoz y el martillo, sino por su postura frente al cambio climático o su lectura de que la migración es un factor determinante de la criminalidad.

La semana pasada, el ex candidato presidencial del PRI José Antonio Meade hizo un recuento en redes sociales sobre los costos económicos de la cancelación del nuevo aeropuerto. La respuesta en Twitter de Javier Jiménez Espriú, titular de la SCT y enterrador del proyecto de Texcoco, no cuestionó los datos, las fuentes o la metodología del ex secretario de Hacienda. Jiménez Espriú sólo interpretó su estado de ánimo: "las cuentas alegres de un hombre triste". La decisión de cancelar el NAIM sólo se pudo tomar en una dimensión donde los hechos son alternativos y los datos no importan.

El gabinete de Andrés Manuel López Obrador se puede dividir entre los secretarios de Estado que usan los datos duros para tomar decisiones y los funcionarios que se sienten cómodos en el universo paralelo de los hechos alternativos. El paquete presupuestario que presentó la SHCP demostró que el manejo de las finanzas públicas del nuevo gobierno sí tiene puestos los pies en la tierra. Sin embargo, al ver las optimistas estimaciones de Pemex para producción de petróleo en el año 2024, uno quisiera mudarse a esos mundos felices y amables donde la realidad es un obstáculo menor. Será difícil gestionar un equipo de trabajo donde hay adultos atentos a los argumentos verificables y personajes que basan su agenda de proyectos en el pensamiento mágico. Puede haber cohesión ideológica en el gabinete, pero no queda claro si hay una visión compartida sobre dónde terminan los dogmas y empiezan los datos. AMLO tendrá que decidir si sustenta sus actos en datos duros o en hechos alternativos.

Desde el sexenio de Vicente Fox, el diario Reforma creó la metodología del Ejecutómetro como una métrica de medición de la violencia en el país. Durante el mandato de Felipe Calderón, esta medición cobró alta visibilidad en la discusión pública, conforme se aceleraba la espiral de violencia que marcó la historia de aquel gobierno. Como es natural en una democracia, esos datos fueron utilizados por la oposición del PRI y la izquierda para criticar la gestión del PAN. Esas cifras que fueron utilizadas como municiones políticas en el pasado, hoy se vuelven causa de agravio para el nuevo Presidente.

Los datos de violencia son reflejo de circunstancias tercas. Puede cambiar el gobierno, puede haberse inaugurado la cuarta transformación en la historia de nuestra República, pero los problemas más graves del país tomarán tiempo para resolverse. Ninguna solución podrá venir de ignorar los hechos y las evidencias que pintan el retrato crudo del México actual. Tarde o temprano acabará por imponerse esa incómoda versión de las cosas, donde los aviones no se repelen, el petróleo no se extrae del subsuelo con puros discursos y los balazos no se transforman súbitamente en abrazos. Si no hay un consenso sobre los hechos, es imposible construir acuerdos democráticos. Las realidades paralelas son la pólvora de la polarización política.

Publicado por Reforma
06-01-2019