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¿Dónde quedó Trump?

Trump no se preparó y se notó. Un entrevistado perteneciente al grupo de los indecisos lo puso de manera precisa: “el no haberse preparado muestra una falta de respeto al votante”.

Quiso mostrarse con un cambio de piel y no le resultó. Un Trump medianamente educado, a la defensiva y coincidiendo en seis ocasiones con su adversaria no es un Trump. Un Trump contenido, refrenado y moderado no es un Trump. El único Trump real fue el que interrumpió a su contrincante en 51 ocasiones, el que gesticulaba, el que presumió de haber hecho un buen trabajo como empresario y el que se ufanó de no pagar impuestos porque sabía cómo encontrarle hoyos a la legislación.

Le pusieron el balón para tirar a gol cuando se habló del tema de la ciberseguridad. A saber por qué no aprovechó el momento para decir que Hillary simplemente no tenía autoridad para hablar del tema después de usar su correo privado para discutir asuntos de Estado; por qué no explotó la principal debilidad de Hillary y mostrarla como poco confiable o, al menos, descuidada; por qué no se mantuvo en su discurso sobre que lleva 30 años tomando decisiones que no pueden presumirse y que, a decir suyo, han impedido la grandeza de Estados Unidos. A saber por qué no explotó la frase de que la Presidencia requería de alguien que entendiera de negocios y finanzas; por qué no explotó que ella representa un statu quo que tiene descontentos a 70% de los norteamericanos que piensan que el país va en la dirección incorrecta; por qué no explotó uno de los peores errores de Clinton cuando se refirió a la mitad de los votantes de Trump como “deplorables”. A saber por qué no explotó la falta de transparencia en los recursos de la fundación de los Clinton; por qué escogió anotarse como un triunfo el hecho de haber exigido el acta de nacimiento del presidente saliente cuando el tema no preocupa a nadie. Prácticamente se disculpó por haberla agredido a lo largo de la campaña. En lugar de todo esto nos dijo que él era un empresario exitoso a lo que Hillary contestó que lo era porque se montó sobre los hombros de pequeños y medianos empresarios a los que defraudó.

Supongo que sus votantes duros quedaron extrañados y decepcionados y que los que querían darle una oportunidad no quedaron satisfechos. Sospecho que la reunión con su equipo de campaña después del debate no habrá sido tersa. Lo imagino diciendo, en qué momento me dejé convencer de presentarme como quien no soy; siendo quien fui gané las primarias a otros seis precandidatos; siendo quien fui remonté una ventaja de dos dígitos frente a Clinton para situarme en un empate técnico con ella. Conjeturo que en el próximo debate el Trump que conocimos hasta antes del lunes 26 estará de regreso.

En el post-debate, las cadenas de TV pusieron gran atención en el fact checking para saber quién dijo más mentiras, pero eso no impacta las preferencias. Si el stop and frisk funcionó o no para disminuir el crimen o si el TPP podía considerarse como el nuevo gold standard a pocos importa. Los dos mintieron, pero eso no mueve a los votantes.

El único fact checking que importa es si el desempeño frente a 80.1 millones de espectadores alteró las preferencias.
Concediendo que Clinton tuvo un mejor desempeño lo que importa de los debates es si logran mover a los electores. Al momento de escribir este artículo no hay nuevas encuestas sobre cómo se movieron las preferencias. Eso lo sabremos hacia el fin de la semana cuando las impresiones del debate pasen por el filtro de los medios y las evaluaciones de los líderes de opinión se posicionen. Calculo que de haberse producido un cambio éste no será de gran magnitud. La verdad es que aunque Hillary mostró más empatía, ninguno de los dos convenció, ninguno emocionó. Puede haber un rebote como ocurrió después de las convenciones, pero faltan 46 días para las elecciones y dos debates más.

El análisis histórico muestra que generalmente los debates no mueven las preferencias o sólo lo hacen un par de puntos porcentuales. En unas elecciones tan cerradas como las de este año, dos puntos pueden ser cruciales para el triunfo, pero hay muchos otros factores con mayor potencial para ganar o perder estos dos puntos: desde eventos inesperados pasando por errores de los candidatos o los comerciales en la TV.

La gran ganancia para Clinton puede ser haber puesto un alto a su descenso en las preferencias o a la tendencia al alza que Trump ha venido mostrando en las últimas semanas. No está mal, pero México y buena parte del mundo se seguirá tronando los dedos por el posible triunfo de Trump.

Publicado por Excélsior
28-09-2016