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Dos mercados imperfectos

La evidencia empírica disponible muestra que las empresas que son manejadas con fines de lucro logran niveles elevados de eficiencia económica cuando operan en mercados en los que la competencia es intensa. Esta evidencia confirma el valor práctico que tiene uno de los pilares fundamentales de la teoría económica: el modelo de competencia perfecta.

El modelo de competencia perfecta es mucho más que una entelequia teórica. Los economistas usan ese paradigma para juzgar la eficiencia con que operan los mercados. En el largo plazo, un mercado perfectamente competitivo simultáneamente satisface dos objetivos plausibles: se optimiza el bienestar de los consumidores y se hace un uso óptimo de los recursos disponibles. Por ello, la competencia perfecta es el verdadero norte de los economistas.

Generalmente, todo lo que se necesita para garantizar que un mercado funcione adecuadamente, es asegurar que en él haya suficiente competencia, puesto que los participantes en ese mercado en su afán por ganar mayor participación se encargarán de difundir información que despeje las dudas que puedan tener los consumidores sobre las bondades de los productos disponibles. Y si, por alguna razón, resulta que la información no es confiable u objetiva, actualmente los consumidores puede obtener información adicional acudiendo al internet. Las herramientas de consulta disponibles están robusteciendo el funcionamiento de la mayoría de los mercados reduciendo los costos de obtención de información.

Pero hay dos mercados que destacan por su tamaño e importancia en los cuales la información disponible para la toma de decisiones y consumo es insuficiente e inadecuada. Me refiero a los mercados de educación superior y de servicios de salud. Comparten el atributo de ser mercados en los cuales los beneficios atribuibles a su consumo son difíciles de evaluar e inciertos.

A saber, las decenas de miles de jóvenes que actualmente estudian en escuelas normales para obtener un empleo de educación básica no lo saben, pero confrontan riesgos económicos enormes relacionados con esa decisión. El valor de un título de educación básica se verá afectado por cambios tecnológicos, demográficos y regulatorios tan profundos que resulta casi imposible pronosticar cuál será el nivel y la estabilidad de los ingresos resultantes. Al respecto lo único que se puede decir con seguridad es que el mercado de educación básica está en la ante-sala de cambios disruptivos que seguramente afectarán la rentabilidad de las inversiones que se hagan en capital humano. La incertidumbre es tan grande que existe la posibilidad que el valor del título de profesor normalista sea negativo.

La información sobre la calidad del capital humano que egresa de diversas disciplinas universitarias también es deficiente. Actualmente, la mayoría de los empleadores basan su decisión de en qué universidades reclutar en la reputación general de las diversas instituciones, puesto que no existe información objetiva confiable sobre la calidad de sus egresados. Consecuentemente, le va mejor en el mercado laboral a un alumno que sale de una institución que tiene una buena marca que a uno que estudió en una institución cuya reputación está menos establecida, aunque los dos alumnos hayan tenido un desempeño académico comparable. Es probable que los mejores alumnos de una universidad de mediana reputación posean una mejor educación que los alumnos promedio de una universidad reconocida, pero la información requerida para evaluar este hecho objetivamente simplemente no existe. El mercado laboral opera con información parcial y mala.

El mercado de servicios de salud también opera imperfectamente debido a fallas en la disponibilidad de información objetiva y confiable. Cuando un paciente grave acude a un proveedor de servicios médicos, generalmente basa su decisión de consumo en información de muy baja calidad: la reputación general del médico tratante; las recomendaciones de algún amigo o conocido, etc. Actualmente, no hay información objetiva sobre la calidad del oferente de servicios. Bajo las condiciones actuales, las decisiones de los consumidores se basan en información parcial, totalmente inadecuada para obtener un resultado óptimo. Para colmo, muchas de las decisiones más importantes se toman en momentos de crisis cuando no hay tiempo disponible para obtener más información en que basar las decisiones cuyas consecuencias pueden tener efectos de largo plazo sobre la vida de los consumidores/pacientes.

El principal problema de los dos mercados en cuestión es la deficiente calidad de la información disponible para respaldar las decisiones de los consumidores. Urge instrumentar políticas públicas que corrijan estos defectos y mejoren el funcionamiento de los dos mercados.

Pocas decisiones tienen un mayor impacto sobre el bienestar de largo plazo de las personas que las decisiones que toman los consumidores sobre su educación y salud. Llegó el momento de eliminar la principal imperfección de estos mercados creando indicadores confiables que den transparencia al funcionamiento de estos mercados.

Publicado por Reforma
29-09-2016