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Dos sexenios

*Las opiniones expresadas en esta columna son personales.

El cambio climático es el mayor problema de nuestra era. La ONU, con un equipo de investigadores de 44 países, acaba de publicar un reporte sobre el calentamiento global que parece un guion sobre el apocalipsis. El estudio podría ser uno de los textos más revisados y corregidos en la historia de la investigación científica. El reporte de 1,200 páginas recibió cerca de 40 mil comentarios de evaluadores dedicados a examinar su rigor científico.

El estudio describe dos escenarios distintos para la temperatura global y el destino del planeta, un aumento de 1.5 grados Celsius y otro de 2. Ese medio grado es literalmente un mundo de diferencia. Hasta un 20% de la superficie terrestre que hoy tiene ecosistema de sabana podría quedar convertida en un desierto. Cientos de millones de personas podrían caer en condiciones de pobreza a consecuencia de factores climáticos. En 2015, el Acuerdo de París estableció la meta de frenar el aumento de la temperatura antes de los 2 grados Celsius, con respecto a las temperaturas promedio de la época preindustrial. Apenas tres años después de que se firmó este histórico acuerdo, la evidencia disponible exige esfuerzos adicionales para tener una meta más ambiciosa de 1.5° C.

Al ver el debate político en México, pareciera que nuestro país orbita en una galaxia lejana, donde no hay amenazas sobre los equilibrios ambientales del planeta. En los debates electorales o en la narrativa del nuevo gobierno pareciera que no existe el problema del calentamiento global. El reporte de la ONU establece que los próximos 12 años serán definitivos para confirmar o revertir la trayectoria del aumento en la temperatura. Los próximos dos sexenios serán claves para que México contribuya a este esfuerzo global.

Esta semana, AMLO anunció que durante su gobierno no se permitiría el uso de la tecnología denominada como fracking para extraer gas y petróleo del subsuelo. Grupos ambientalistas ven esta prohibición como un triunfo, porque la técnica utiliza enormes volúmenes de agua y libera gases de efecto invernadero. Otra forma de ver la prohibición es que México tendrá una dependencia crónica de la importación de gas para la generación de energía eléctrica. En varias regiones de EU, el fracking se ha convertido en un motor para aumentar la eficiencia en la explotación de gas y petróleo. Si la capacidad de los gasoductos transfronterizos no se satura, México podrá importar gas extraído con procesos de fracking en Estados Unidos. Si la infraestructura se llega a saturar, habría que traer gas en barco, que resulta mucho más caro y seguramente elevaría el costo de la energía eléctrica en nuestro país. La producción de gas de Pemex ha caído 22% en tres años y con esta prohibición será muy difícil atraer inversión privada para extraer gas del subsuelo.

En los últimos meses, los aumentos de precios de la electricidad para el comercio y la industria llegaron hasta el 65%. La Comisión de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo Sustentable (Cespedes) acaba de publicar un estudio sobre los impactos positivos de las energías renovables. Las energías solar y eólica son dos opciones con viabilidad económica para diversificar la forma en que generamos electricidad en México.

Sin embargo, como si el calentamiento global no existiera, las prioridades energéticas del presidente López Obrador están bien afincadas en el siglo pasado. Las refinerías de Pemex contaminan y pierden dinero. A esa industria, ya le comprometió cerca de tres mil millones de dólares. ¿Qué pasaría si esos recursos se invirtieran en aumentar el despliegue de energías renovables que no contaminan y sí generan rendimientos económicos? México se volvería un campeón global en la lucha contra el cambio climático y se ahorrarían recursos públicos que hoy se tienen que gastar en subsidios eléctricos. El gobierno de la cuarta transformación debería cuestionar la lógica y evidencia detrás de algunos de sus proyectos.

Publicado por Reforma
14-10-2018