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Drogas: los límites de la regulación

Alejandro Hope | @AHope71

Drogas: los limites de la regulación
Foto: Oro Noticias

Muerto. En una tina, con una indecente aguja en el brazo, en un departamento neoyorquino. Philip Seymour Hoffman, uno de los actores más destacados de su generación, víctima de una sobredosis de heroína.

Una tragedia por donde se le mire. Y una historia que ha detonado una conversación en Estados Unidos sobre el resurgimiento de la heroína. Algunos hablan, con algo de hipérbole, de una epidemia. Y sí, entre 2007 y 2012, el número de usuarios activos de heroína se duplicó en el país vecino, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Uso de Drogas y Salud (NSDUH, por sus siglas en inglés).

Si en efecto hay una epidemia, no sería la primera. Ya hubo una a inicios de los setenta y otra más en la última década del siglo XX. Pero hay algo particularmente interesante en la oleada presente. Según la más reciente encuesta de uso de drogas, cuatro de cada cinco nuevos usuarios de heroína empezó abusando de analgésicos opiáceos legales.

La actual ola de consumo no se gestó en las junglas del sudeste asiático, en las montañas afganas o en los cerros sinaloenses. Tuvo su origen en los consultorios médicos, las farmacias y las salas de emergencia.

Hace veinte años, en un intento por mejorar el tratamiento del dolor, los médicos estadounidenses incrementaron considerablemente la prescripción de opiáceos legales (oxicodona, hidrocodona).

Inevitablemente, más recetas se tradujeron en más consumo, más abuso y más dependencia. En la primera década del siglo, las muertes por sobredosis de analgésicos opiáceos crecieron 263 por ciento. Para 2010, eran cinco veces más comunes que las sobredosis fatales de heroína.

Ante la emergencia, las autoridades estadounidenses han apretado en los últimos dos años los controles. Médicos dedicados a emitir recetas sin justificación terapéutica han acabado en la cárcel. Diversas redes de comercialización ilegal han sido desmanteladas. Se ha obligado a las farmacias a mejorar sus sistemas de control.

La campaña parece haber tenido algunos resultados: según diversas fuentes, ha disminuido la disponibilidad y aumentado el precio de analgésicos opiáceos en los circuitos ilegales. Entre 2010 y 2012, el número de usuarios recreativos de oxicodona disminuyó casi 50 por ciento.

La victoria ha tenido costos, empero. Algunos usuarios dependientes de opiáceos legales, ante una reducción de la disponibilidad o un aumento de los precios de sus drogas preferidas, empezaron a consumir heroína, una sustancia químicamente similar. El resultado: menos sobredosis de opiáceos legales, más sobredosis de heroína. Entre ellas, al parecer, la de Philip Seymour Hoffman.

Esta historia arroja varias lecciones que bien se haría en considerar a la hora de discutir el tema de las drogas. En particular,

1. La legalización de una sustancia no es condición suficiente para eliminar el mercado negro. Narcotráfico y legalidad pueden coexistir sin mayor problema.

2. En materia de drogas, los detalles regulatorios importan. Con controles mal diseñados, es posible acabar en el peor de los mundos, con un incremento significativo del uso, abuso y dependencia de una sustancia, pero con un mercado negro floreciente.

3. Las decisiones regulatorias pueden tener consecuencias imprevistas. Los intentos de control de una sustancia pueden impactar otros mercados por caminos no anticipados.

En resumen, es necesario complejizar la discusión sobre las drogas. Abandonar las posiciones binarias, excluyentes, es el inicio de una conversación seria. En este tema nada es obvio, nada es fácil, todo tiene costos, todo genera sus propias tragedias, algunas en plantíos michoacanos, otras en tinas neoyorquinas.

Publicado por El Universal

13-02-14