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Economía política del Pacto

Mucho se ha especulado sobre la estabilidad del Pacto por México, especialmente después de que se publicaran las grabaciones de las sesiones de planeación política de funcionarios del Estado de Veracruz y del PRI. Si la reacción inmediata del Presidente hubiera sido repudiar la conducta de estas personas y pedir que fueran cesadas, el daño político para su Administración habría sido mucho menor y la amenaza para el Pacto habría sido mínima. Pero le falló el cálculo y acabó pagando caro el error.

El Presidente y los dirigentes de los dos partidos de oposición con los cuales firmó el Pacto han apostado mucho de su capital político en el Pacto. Para Peña Nieto y el PRI, el Pacto ha sido una oportunidad para avanzar en la implantación de una estrategia de renovación institucional largamente pospuesta, cuyos beneficios deben traducirse en una tasa de crecimiento más alta para el País. Si este crecimiento se materializa, el beneficio político para el PRI será inconmensurable, puesto que el partido habrá mostrado ser capaz de lograr lo que los dos gobiernos previos del PAN no pudieron.

Para el PRI, el cálculo de costos y beneficios es relativamente obvio. Si el partido del Presidente logra instrumentar la mayor parte de la agenda de reformas estructurales, el efecto derivado será un periodo de crecimiento económico relativamente alto y prolongado (la década de México). En un País presidencialista como el nuestro, la mayor parte de los aplausos se los llevará el Presidente y, en menor medida, su partido.

Ahora bien, si el Pacto por México no existiera, todos los costos de las reformas serían absorbidos por el Presidente y su partido, y el beneficio neto para el PRI sería menor. Pero al existir el Pacto, los costos del ajuste estructural se reparten entre los tres partidos. Como los beneficios de las reformas políticas se reparten asimétricamente a favor del PRI, el principal ganador, por mucho, es el partido del Presidente, pero los otros dos partidos, y sobre todo sus líderes actuales, también salen ganando, como se verá a continuación.

Para el PAN, la alianza con el PRI es una decisión polémica, dada la rivalidad histórica entre los dos partidos. Sin embargo, para los líderes actuales del partido, aliarse con el PRI es una oportunidad inigualable para avanzar en la ejecución de una serie de cambios por los cuales han luchado durante más de una década. Para Madero y el grupo que encabeza, participar en el Pacto es una oportunidad única que les permitirá argüir, con justicia y razones, que su liderazgo fue indispensable para lograr una serie de cambios por los cuales su partido ha luchado durante varios lustros pero que no se habían podido lograr por no contar con el apoyo político de los otros partidos. Si las iniciativas incorporadas en el Pacto salen bien, Madero y sus aliados en el PAN saldrán altamente beneficiados aun cuando los resultados de las elecciones sean decepcionantes. Un resultado bueno los fortalecerá para competir por asumir el control del partido. Por ello, aun cuando haya sido el PAN el que publicó las escandalosas grabaciones veracruzanas, es poco probable que sus líderes quieran romper con el Pacto, como se puede apreciar en la columna que Germán Martínez publicó este lunes pasado en REFORMA, o como se puede percibir en las declaración de Madero hecha esa misma noche.

El cálculo político de los líderes del PRD es parecido. Si AMLO se hubiera quedado dentro del Partido, habría sido imposible para el ala moderada y moderna de la izquierda asumir como suya la agenda de reformas del Pacto. Pero estando ausente AMLO del partido, súbitamente se abrió una oportunidad inigualable para tomar control del partido asumiendo una agenda de reformas que están totalmente alineadas con los principios de la izquierda moderna. Si la agenda del Pacto sigue avanzando, la distancia entre el PRD y Morena se profundizará y los seguidores de AMLO dentro del PRD se debilitarán, abriendo el camino para que la renovación futura de puestos y liderazgos dentro del PRD favorezca a las personas que han liderado la alianza con el PRI y el PAN.

Bajo las condiciones actuales no conviene a los líderes del PAN y PRD salirse del Pacto. Sus posiciones de liderazgo se irán consolidando conforme avance la agenda de renovación que este contiene. Tampoco conviene al PRI hacer cosas que provoquen una ruptura prematura del Pacto. Los cambios propuestos en su agenda sirven a los intereses de los líderes de los tres partidos.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.