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Economías de escalas urbanas

The Santa Fe Institute es uno de los centros de investigación más importantes del mundo. Está especializado en la conducta de sistemas complejos adaptivos (complex adaptive systems). Más que una disciplina analítica independiente, el análisis de éstos es una forma de ver al mundo. Las contribuciones de los investigadores del Instituto destacan cuatro atributos de los sistemas que analizan:

Primero, su complejidad. Los sistemas sociales en cuestión están compuestos de miles de elementos interactuantes que conforman redes tan complejas, casi imposible de modelar matemáticamente, aun cuando las reglas de interacción entre los elementos del sistema sean sencillas. En otras palabras, estamos hablando de sistemas tan (o más) complejos que el cerebro humano.

El segundo que son dinámicos y se comportan con base en reglas de interacción que frecuentemente no son lineales. En consecuencia, responden a los estímulos que reciben, pero a tasas de cambio variables. Ni siquiera la estructura del sistema es permanente.

El tercero es que tienen propiedades emergentes. Es decir, las interconexiones entre los elementos individuales provocan conductas que no parecerían ser propiedades intrínsecas de éstos mismos y que solo se manifiestan cuando el número de interacciones (complejidad) rebasa determinado nivel. Rebasado este umbral, los sistemas en cuestión sufren cambios transformacionales que les permiten adaptarse más exitosamente al contexto en que operan. En pocas palabras, los sistemas complejos adaptivos evolucionan. A veces los cambios son tan profundos que su nueva estructura y forma de operar ya no se parece en nada a las propiedades de su sistema progenitor, aun cuando guarde en su memoria las experiencias del sistema anterior.

Por último, para sobrevivir, los sistemas en cuestión constantemente requieren inyecciones de energía. Si no se les alimenta, se colapsan y pueden fallecer.

En pocas palabras, hablamos de sistemas sociales cuya conducta es parecida a la de organismos vivientes. El hecho que éstos sean adaptables, les confiere enorme ventajas en las “ecologías” que habitan. Su capacidad adaptiva es lo que les confiere permanencia inter-generacional.

Geoffrey West es uno de los principales investigadores del Instituto. Actualmente lidera un proyecto sumamente ambicioso relacionado con la evolución de las ciudades. El proyecto ya está dando frutos, (algunos de estos se discuten en una de las presentaciones de Ted Talks).

Algunos de los resultados se confirman como ya conocidos; por ejemplo, sus experimentos empíricos muestran que las ciudades poseen economías de escala que las hacen lugares intrínsecamente favorables para hacer negocios, proveer servicios urbanos, educar a grandes segmentos de la población, etc. Este resultado no debe ser una sorpresa para los que han estudiado desarrollo urbano. Los economistas nos referimos a este fenómeno como economías de aglomeración. Pero West y sus colaboradores descubren patrones de conducta que son sorprendentes por su uniformidad.

Por ejemplo, West y sus colegas encuentran que las economías de escala de las ciudades son casi idénticas independientemente de qué sistema se analice. Los costos promedio de las redes de transporte, de telecomunicaciones, de distribución de energía eléctrica o de agua, bajan en la misma proporción conforme va creciendo la población urbana. El equipo de West descubrió que la pendiente de la curva de costos es .75. Si se duplica la población de una ciudad, los costos adicionales de las redes de distribución, crecen 1.50 veces (2 x .75). Esto significa que, manteniendo constante todas las demás condiciones urbanas, las ciudades más grandes tienen ventajas significativas sobre las menores, en todos los servicios de redes. La implicación de estas economías de escala es que como avance el tiempo, los seres humanos nos iremos concentrando en aglomeraciones urbanas para capturar este beneficio.

El equipo de West también encontró que la escala de la ciudad también determina la disponibilidad mayor de un gran número de satisfactores. Por ejemplo, la concentración de todo tipo de talento humano (v.gr. artistas, médicos, financieros, mecánicos, etc.) crece a un ritmo más alto que la población. Esto significa que si requerimos contratar los servicios de un abogado de primera, es más probable que lo encontremos en la ciudad de México que en Chilpancingo. Lamentablemente, esta regla también aplica a un sinnúmero de atributos menos deseables, como son: los criminales, la contaminación o el tráfico. Pero, si el giro de negocio de uno gira en torno a la disponibilidad de estos factores, el mejor lugar para establecerse es en las ciudades grandes.

El proyecto que West dirige todavía no concluye, pero ya está aportando resultados que deben ser tomados en consideración a la hora de diseñar políticas públicas. Recomiendo seguir de cerca los resultados de este proyecto.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.