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Edificios de comida

El profesor Dickson Despommier es un microbiólogo, ecologista y profesor de salud pública en la Universidad de Columbia. Se le ocurrió una idea revolucionaria que puede usted ver en su libro del 2010 The Vertical Farm: Feeding the World in the 21st Century (La granja vertical: alimentando al mundo en el siglo XXI).

The Vertical Farm: Feeding the World in the 21st Century
The Vertical Farm: Feeding the World in the 21st Century

Despommier no era particularmente famoso antes de que se le ocurriera que es posible producir vegetales en edificios de cristal creados para ese fin. Un edificio cerrado, con mecanismos de transporte de las plantas para que a cada una le toque la proporción correcta de sol y nutrientes, también es una gran manera de reducir los costos de logística asociados al transporte de vegetales frescos (o incluso algunas frutas, como las moras). El ambiente controlado otorga también una manera muy eficiente de control de plagas. Un esquema de agricultura industrial de esta naturaleza permite un uso mucho más eficiente del agua, y la posibilidad de tratarla y reciclarla para devolverla en buenas condiciones para otros usos. También, permite controlar mejor el clima, lo cual permite tener menos pérdidas por fenómenos meteorológicos.

Estos beneficios ya existían de alguna forma en los invernaderos. La idea de hacer edificios invernadero es simplemente una nueva forma de elevar la productividad de ese tipo de tecnología, haciendo un uso mucho más eficiente del espacio físico. Más aún: la tierra que se libera al canalizar una porción importante de la producción agrícola a las ciudades, puede destinarse a mejores usos, como la conservación ambiental. Los trabajadores de este tipo de fábricas de alimento tienen mejor acceso a los servicios urbanos y la educación que los trabajadores rurales. Es realmente un esquema que presenta muchas ventajas.

En el caso mexicano, también es una solución a los problemas de propiedad de la tierra, que son un obstáculo importante a la inversión en el campo. El campo en México recibe menos del 0.3% de la inversión extranjera directa. Si aporta 3% del PIB, ello implica que las inversiones en el sector podrían multiplicarse por diez si hubiera certeza sobre los activos esenciales para la producción agropecuaria. Dado que los problemas de certeza en la propiedad son menores en las zonas urbanas de México, un esquema de agricultura de esta naturaleza ayudaría enormemente a hacer que el campo fuera más rentable y financiable.

Por el momento, no hay desarrollos a gran escala de este tipo. Holanda, el país más avanzado del mundo en la producción de invernadero, tiene algunos desarrollos de este tipo. Ya hay producción de zanahorias miniatura con este tipo de tecnología. También, me dicen algunos holandeses muy enterados del tema, existió la iniciativa de hacer lo mismo para la producción animal, lo cual fue recibido por la sociedad holandesa con mucha resistencia.

Creo que la clave para que esto ocurra es que dejemos de distorsionar los precios de la producción alimentaria del mundo. En el momento en que el precio de la comida refleje el costo de oportunidad de producirla, estas alternativas se van a volver cada vez más viables. También, esto es un reflejo de que las nuevas tecnologías pueden cambiar industrias muy tradicionales, como la agricultura. Usted que está buscando invertir en algo muy novedoso, ¿se anima?

Publicado por Capital de México
29-04-2014