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Efecto corrosivo

Quizá sólo sea mi imaginación, pero tengo la impresión de que los medios últimamente publican muchos artículos en los cuales se habla de ex funcionarios públicos que han tenido éxito en el sector privado como si su éxito fuera evidencia de corrupción. Conozco a docenas de personas que han migrado de un sector al otro y me consta que su éxito deriva de su talento: Les va bien porque son capaces y poseen destrezas y conocimientos que son útiles en los dos sectores. En vez de renegar de su éxito, deberíamos celebrarlo. La movilidad intersectorial de estas personas mejora el funcionamiento de la economía y optimiza el funcionamiento del sistema político, puesto que facilita la renovación de equipos cuando un nuevo grupo político llega al poder. Malo sería que el talento sólo se pudiera emplear en uno de los dos sectores. La capilaridad del mercado laboral es fundamental para el buen funcionamiento de las sociedades modernas.

Lamentablemente, la proliferación de notas que cuestionan la legitimidad del éxito de funcionarios que han transitado al sector privado debilita la movilidad intersectorial del talento y daña la reputación de personas que no han hecho nada malo.
En las últimas semanas, la reforma energética ha estado en todos los diarios. Probablemente por esa razón, varios diarios han publicado artículos que resaltan el hecho de que varios ex funcionarios de Pemex han montado negocios relacionados con el sector, como si eso fuera malo. Haciendo a un lado la invasión de privacidad de varios de estos ensayos, lo que más preocupa es la insinuación de que el éxito económico que pudieran llega a tener estas personas es ilegítimo, puesto que previamente habían ocupado cargos públicos. Si esta lógica se aplica uniformemente, entonces también sería inmoral que un profesional que haya trabajado en cuestiones regulatorias en SHCP o el Banco de México posteriormente se emplee en el sector financiero o en un despacho profesional que ve temas regulatorios del sector. También lo sería que algún funcionario público que haya trabajado en SCT o el Ifetel después se emplee en el sector de telecomunicaciones, y como estos ejemplos podría hacer una larga lista adicional. Insinuar que cualquiera de estas situaciones es inmoral quizá sirva para vender periódicos, pero lo hace lesionando a personas que merecen el beneficio de la duda y de paso dañan la movilidad laboral, creando incentivos contra la migración del talento de un sector a otro donde puede aportar más valor.

A veces, ensayos como los arriba citados cumplen una función social y política útil, puesto que transparentan situaciones que son del interés público. Pero para que este sea el caso, es indispensable rigurosamente satisfacer dos condiciones: Primero, la tesis que presenten debe descansar sobre una lógica clara y bien definida. En un ensayo periodístico de alta calidad no se vale presentar argumentos cuya sustancia se lee entre líneas, tampoco se valen las insinuaciones. La segunda condición que deben cumplir es que las conclusiones estén basadas en hechos verificados y verificables; no se valen las especulaciones y menos los chismes.

La diferencia entre un artículo que cumple estas condiciones y uno que no lo hace no es trivial. Cuando una investigación periodística satisface estos criterios, cumple una función social trascendente que debe ser reconocida y aplaudida; cuando no, daña el tejido social y político del País y es indistinguible de las injurias y calumnias que utilizan quienes abusan de la libertad de expresión para lograr fines políticos y personales.
El estado de ánimo de la Nación está crispado. Muchas condiciones del País no funcionan como deberían: la economía, el Estado de derecho, las instituciones políticas, el sistema de educación pública, etc. En un entorno como el actual, los medios tienen la obligación de difundir y discutir hechos, no rumores, y menos especulaciones infundadas que lesionen el bienestar social y la reputación de personas.

México requiere una cultura que sea más respetuosa del éxito personal. Para que al País le vaya bien necesitamos que se reconozca el éxito profesional y material de las personas. Tener éxito profesional debe ser motivo de orgullo, no algo que se tenga que esconder. El tono de descalificación y encono que transmiten algunos medios impresos y electrónicos es preocupante. Cuando la opinión personal se confunde con los hechos y las calumnias con la libertad de expresión, deberíamos de preocuparnos todos.

Publicado por Reforma
24-07-2014