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El carácter redentor de las crisis

Existen dos dichos o frases de sabiduría popular que no parecen operar en México. El primero dice que “ahogado el niño tapado el pozo”. El segundo que las crisis son o generan la oportunidad de cambio y crecimiento. Sea que deriven de sucesos que están fuera de su control o que sean provocadas por haber tomado decisiones equivocadas, lo cierto es que a las crisis se les atribuye un carácter redentor.
En efecto, las crisis deberían ser detonadores de cambio porque son momentos en los que queda claro que una situación es insostenible y que al no actuar sobre ella, tarde o temprano, se volverá a repetir y con las mismas consecuencias. Esto es cierto, siempre y cuando no haya indolencia o negligencia en la toma de decisiones, a pesar de estar conscientes del peligro que entrañaba el no actuar.

La historia de los motines en las cárceles mexicanas de los últimos treinta años es una muestra palmaria de que para los tomadores de decisiones en México las crisis no son oportunidades de cambio. Ahora ya ni siquiera se ocupan de tapar el pozo una vez que el niño se ha ahogado.

Tal y como lo han relatado las crónicas periodísticas, cada tres o cuatro años ocurren enfrentamientos mortales en las cárceles del país: 23 muertos en el penal de Tepic en 1988, 20 en el de Matamoros en 1991, 12 en Los Mochis en 1996, 11 en Villahermosa en 1999, 19 en Tijuana y 15 en Tamaulipas en 2008; 23 en Durango en 2009, 11 en Gómez Palacio, 27 en Ciudad Juárez y 20 en Matamoros todos en 2011; 31 en Altamira, 44 en Apodaca y 24, de nuevo, en Gómez Palacio en 2012, 13 en San Luis Potosí en 2013 y 49 la semana pasada en Topo Chico.

Si 342 muertos a los que hay que sumar, según cifras oficiales, 252 heridos no constituyen un foco rojo, una llamada de atención para actuar ante una crisis que encierra la oportunidad del cambio, no se sabe qué otra señal de alarma se requiere para que los encargados de la política pública penitenciaria se pongan manos a la obra.

La negligencia, la desidia, la indolencia y la irresponsabilidad se tornan peores cuando se revisan las notas periodísticas de cada motín y desde hace 28 años se repiten los mismos argumentos. Desde los 23 muertos en Nayarit de 1988 pasando por los 44 de Apodaca en 2012 y llegando a los 49 de Topo Chico en este 2016 las razones que explican los hechos violentos al interior de los penales y el compromiso de atender las raíces del problema han sido los mismos. La inacción también ha sido la misma.

En 1988 el Perito en Criminalística y presidente del Foro de Abogados Nayarita —Carlos Rafael Espinosa Robles— explicaba cuatro cosas. La primera: en el penal conviven, “procesados y sentenciados del fuero común y federal, homicidas, violadores e indígenas, todos metidos en una misma olla que en cualquier momento estalla”. Segunda: la sobrepoblación y hacinamiento son los principales motivos de los motines, el penal de Nayarit tenía entonces una capacidad para 645 reos, pero albergaba a casi 3,000. Tercera: persisten sistemas de custodia y de administración obsoletos. Y cuarta: es evidente la corrupción y penetración de las autoridades penitenciarias que permite instaurar el reino de los poderosos —particularmente del crimen organizado— al interior de los penales (ahora llamado el autogobierno). La CNDH reprueba, una y otra vez, a los penales en cuanto a gobernabilidad.

Desde entonces prácticamente no se escuchan nuevos argumentos o causas que expliquen los violentos conflictos al interior de los penales, aunque cada vez hay mayores evidencias y mejores indicadores de la inadmisible situación que priva en ellos: sobrepoblación, corrupción traducida en autogobierno con la correspondiente extorsión a la mayoría de los reclusos y déficit de custodios.

Para eliminar la sobrepoblación carcelaria que se considera uno de los principales factores de los enfrentamientos sangrientos en los penales, el Foro de Abogados Nayaritas propuso al gobernador en 1988 una medida que, sencillamente, fue ignorada: que el gobierno estatal tuviera la obligación de pagar las multas administrativas por delitos menores, aquellas que alcanzaban los mil pesos.
Ahora, muchos analistas han propuesto otra que también ha sido ignorada. Acelerar los procesos de aquellos que están en las cárceles sin haber recibido condena y sacar de las cárceles a todos aquellos que purgan una condena por portar pequeñas dosis de mariguana.

Como en tantos otros problemas que han producido tragedias evitables, el diagnóstico es claro: las guarderías situadas en lugares peligrosos (ABC), antros que no cumplen con las medidas mínimas de seguridad como las salidas de emergencia (News Divine, Lobo-hombo), gaseras con equipos obsoletos que surten a hospitales y provocan incendios (Gas Nieto), policías que, una y otra vez, secuestran y extorsionan a la población (Veracruz). Las tragedias ocurren, los periodistas denuncian, los ciudadanos se indignan, los gobernantes se inculpan unos a otros y todo sigue igual hasta que llega la siguiente tragedia.

Por eso, no, en México las crisis no suelen tener el carácter redentor que se les atribuye.

Publicado por Excélsior
16-02-2016