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El discurso inaugural

El fin de semana pasado participé en un evento que reúne a personas de todo el mundo.
El grupo se junta una vez al año para discutir cuestiones económicas y de negocios.
Como llevan años reuniéndose, los participantes se conocen y hablan con enorme apertura sobre temas que les preocupan.

La reunión de este año coincidió con la toma de protesta del nuevo mandatario americano. Juntos escuchamos el discurso inaugural del Presidente Trump. Al concluir el discurso, el moderador le preguntó a cada uno de los participantes, ¿qué habían pensado del discurso? La mayoría contestó que les parecía que el discurso había sido una pieza de oratoria eficaz y poderosa confeccionada para agradar a los seguirdores del Trump, pero también coincidieron que les preocupaba el tono y contenido del mensaje. Un participante japonés comentó que le sorprendía y preocupaba que el Presidente asumiera su nuevo rol sin pronunciar una sola frase sobre el papel global que asumiría EUA como líder del "mundo libre"; otro participante, australiano, comentó que el discurso lo podría haber pronunciado Adolfo Hitler, puesto que en el reiteradamente había culpado al resto del mundo y a los gobernantes previos de EU por el sufrimiento actual del pueblo americano.

Concluyó su intervención diciendo que le preocupaba mucho que el Presidente americano hiciera un llamado a la unión patriótica de los americanos para enfrentar las amenazas externas.
El domingo por la mañana recibí una nota que preparó un gran amigo en la cual hace una comparación (side-by-side) del discurso que pronunció Hitler al acceder a la Cancillería alemana en 1933 con el discurso de Trump. Lo que mi amigo hizo fue organizar los textos de los dos mandatarios siguiendo la estructura del discurso inaugural de Hitler.

Su conclusión es que los dos discursos se parecen mucho, en tono y contenido.
Por ejemplo, los dos mandatarios coinciden en su diagnóstico. Atribuyen los problemas de sus respectivos países a malos gobernantes previos y a agentes externos que se han aprovechado de la indefensión de sus respectivos pueblos.
Los mandatarios también coincidieron en la naturaleza de sus propuesta de acción. Los dos propusieron que para recuperar la grandeza de sus países sería indispensable enfrentar las amenazas externas y eliminar la influencia de los malos gobernantes, eliminando las políticas perversas que son la causa de la "carnicería" (carnage) del pueblo. Los dos líderes concluyeron sus discursos arguyendo que para recuperar la grandeza de sus países sería indispensable contar con un gran proyecto patriótico nutrido de los valores nacionales históricos.
Los dos gobernantes remataron sus discursos jurando dedicar su mandato a restablecer la grandeza nacional y proteger al pueblo, gobernando directamente, sin permitir la intromisión de agentes domésticos o externos en la relación entre ellos y el pueblo, o sea, los dos prometieron basar su mandato por medio del acceso directo al apoyo popular.

Sería temerario concluir que Trump causará conflictos tan grandes y costosos como los que causó Hitler, pero después del discurso del viernes de lo que ya no parece haber duda es que Trump tratará de instrumentar una política económica nacionalista, populista y mercantilista, aun cuando esto signifique que los consumidores americanos tengan que asumir costos y que las poblaciones de los dos países vecinos que comercian intensamente con EU sufran pérdidas de bienestar.

Resulta realmente sorprendente cuan deficiente es la formación económica de Trump. Lo digo no como mexicano interesado en defender los intereses de los mexicanos, sino como economista interesado en temas políticas públicas y en el manejo sensato de los agregados económicos. Debería de haber una regla que exija que para acceder a un cargo de alto nivel se tenga que comprobar poseer conocimientos sólidos de economía y finanzas. Pero tal regla no existe; consecuentemente, la humanidad está expuesta a los caprichos de los demagogos cuando estos llegan al poder. Nunca pensé que esto sucedería a EU, pero me equivoqué.

La economía de EU es tan rica en recursos, capital humano, financiamiento y capacidad emprendedora que bien puede ser que los primeros efectos del proteccionismo de Trump sean un periodo breve de mayor crecimiento y empleo. Si eso sucede seguramente el mandatario americano se sentirá confirmado en su tesis económica Y no faltarán analistas de segundo pelo que aplaudan su éxito. Puede ser, inclusive, que la ola de crecimiento impulse el proyecto político del magnate. Sin embargo, el proteccionismo siempre cobra facturas. La falta de competencia internacional causará que la productividad de la fuerza laboral americana se descienda. Por el bien de EUA, de México y de la economía mundial ojalá que ese momento llegue pronto antes de que el daño sea muy grande.

Publicado por Reforma
26-01-2017