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El estadista y el Tlatoani

*Las opiniones expresadas en esta columna son personales.

La elegancia suele ser una virtud ajena al ejercicio de la política. En el Foro de la Paz de París, que se llevó a cabo esta semana para celebrar los cien años del fin de la Primera Guerra Mundial, el presidente francés, Emmanuel Macron, dio una muestra de generosidad y cortesía geopolítica. En la ceremonia inaugural del evento, el gobernante galo decidió jugar un papel discreto. El anfitrión de la Cumbre cedió los discursos principales y sus aplausos correspondientes a tres oradores que traían sus respectivas dosis de carga simbólica: Trisha Shetty, promotora de la lucha por la equidad de género en la India; la canciller alemana, Angela Merkel, y el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres. Una líder de la sociedad civil, la jefa de Estado del país que en el pasado fue el enemigo de todas sus guerras y el dirigente del organismo diplomático más importante del planeta.

El Foro de París no sólo fue un ciclo de conferencias, sino una feria de exposición de ideas para hacer frente a los problemas globales. Organizaciones de sociedad civil y empresas presentaron cerca de 100 propuestas para encarar el calentamiento global, la violencia, el terrorismo, la corrupción o las distintas dimensiones de la discriminación. Líderes de gobierno vinieron a escuchar las propuestas de una comunidad global de ciudadanos.

México estuvo presente en este evento internacional. Edna Jaime, directora de México Evalúa, es integrante de la Junta de Gobierno del Foro de París. Las organizaciones CEMERG e IMCO presentamos proyectos sobre gobernanza global y el uso de bases de datos para combatir la corrupción. El Proyecto Mundial por la Justicia, encabezado por un grupo de abogad@s mexican@s, fue una de las iniciativas ganadoras del Foro de la Paz. La ambición de esta destacada propuesta es combatir la tortura como método de investigación ministerial.
La visión de Macron y del Foro de la Paz es que los gobiernos no pueden resolver por sí solos los principales problemas colectivos. Para un estadista moderno, el oído y la mirada son los dos sentidos más importantes. Hay que escuchar a la sociedad civil y al sector privado para encontrar soluciones disruptivas y viables a las debilidades del Estado y las fallas del mercado. Hay que abrir los ojos a lo que ocurre en otras latitudes, para adaptar herramientas y estrategias útiles para enfrentar los desafíos nacionales.

En lengua náhuatl, Tlatoani se traduce al español como "el que habla, el orador". Un Tlatoani es una autoridad que usa poco la mirada, y el oído apenas le sirve para escuchar la voz de su propio mensaje. En la misma semana en que Emmanuel Macron puso el reflector sobre las soluciones que ofrece la sociedad civil, Andrés Manuel López Obrador le dio la espalda al trabajo de cientos de organizaciones agrupadas en torno al colectivo #FiscalíaQueSirva. Durante más de dos años, académicos, organizaciones civiles y colectivos de víctimas trabajaron juntos en una propuesta para crear un Ministerio Público capaz de investigar delitos y procurar justicia. A ese esfuerzo ciudadano, el Presidente electo le respondió con la militarización del Ministerio Público. En una paráfrasis de Alejandro Hope, AMLO tiene dos superasesores en materia de seguridad pública, uno se llama Felipe Calderón y el otro Enrique Peña Nieto. La Cuarta Transformación le da el adiós a los abrazos y la bienvenida a los balazos.

El Tlatoani es un predicador de monólogos desde el púlpito del poder. Su voz es la única que cuenta. El presidente López Obrador tendrá un sexenio para desmentir la hipótesis de que es un estadista prehispánico.
Publicado por Reforma
18-11-2018