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El IFAI y el petróleo

En los próximos meses, el Poder Ejecutivo y el Congreso tendrán la oportunidad de concretar una reforma energética con el potencial de transformar el destino de México. De acuerdo con estimaciones del IMCO, una ambiciosa reforma al sector de los hidrocarburos puede crear más de 300 mil empleos anuales hasta el 2030. Esto equivale a darle trabajo a toda la población económicamente activa de ciudades como Saltillo o Villahermosa cada año.El mayor desafío de la reforma es darle su lugar al petróleo como un compuesto químico y no como un rasgo indisoluble de la identidad nacional. Este cambio sólo se podrá lograr si se forja una base de apoyo social que asuma la reforma como un avance para el bienestar colectivo y no como favor a las compañías petroleras internacionales. No será fácil. Los temores sobre posibles actos de corrupción y opacidad serán argumentos frecuentes en contra del empeño por modernizar a Pemex y fundar un sector energético sin monopolios, ni monopsonios. El principio de la transparencia en el uso y aprovechamiento de los recursos públicos debe ser uno de los pilares de cualquier cambio de fondo en materia de hidrocarburos. Sin instituciones que garanticen la rendición de cuentas, el oligopolio de transas del sindicato de Pemex se podría convertir en un libre mercado de corruptelas particulares.

A pesar de los zipizapes entre los comisionados, el IFAI es una institución indispensable para la transparencia y la rendición de cuentas en México. En septiembre de 2012, el entonces Presidente electo, Enrique Peña Nieto, entregó al Senado una iniciativa de reforma constitucional para fortalecer y ampliar las facultades del IFAI. El 20 de diciembre pasado, con los votos de los principales partidos políticos, los senadores mejoraron y aprobaron la iniciativa presidencial.

Desde entonces, la propuesta yace anegada en los pantanos de San Lázaro. Los conflictos personales entre los comisionados del IFAI se han convertido en el pretexto perfecto de los diputados para erosionar el trabajo legislativo de la bien llamada Cámara alta. Mientras los senadores abrieron el debate a la sociedad civil, los diputados prefieren tener discusiones a puerta cerrada. Los senadores aprobaron que los sindicatos y partidos políticos sean sujetos obligados de la ley, mientras que los diputados, especialmente del PRI y el Verde, prefieren dejar a estas organizaciones en la opacidad. Los senadores aprobaron la iniciativa en tres meses. Los diputados ya llevan siete meses con ella y además no incluyeron el tema en el periodo extraordinario de sesiones. Lo más grave de todo es la amenaza de quitarle a las resoluciones del IFAI su carácter de definitivas e inatacables. Esto implicaría judicializar las decisiones del órgano garante de la transparencia y que una solicitud de información pudiera tomar años en resolverse. De ser así, será mejor que los diputados tiren por la borda el trabajo de la sociedad civil, el Senado y el Poder Ejecutivo, para dejar la ley del IFAI en su forma actual. Si la van a arruinar, mejor no la toquen.

Gracias a que las resoluciones del IFAI son definitivas e inatacables, el organismo garante de la transparencia ha obligado a Pemex a entregar información sobre pagos al sindicato, montos de contratos de servicio o datos sobre importación de gasolinas. La transparencia no sólo es un atributo de la democracia y el buen gobierno, sino de la competitividad económica. Si hace unos años hubiera existido mayor transparencia sobre la decisión de Pemex de no invertir en producción y distribución de gas, hubiera quedado en evidencia el potencial desabastecimiento de energía, que hoy padece la industria mexicana.

Debilitar al IFAI es erosionar la confianza de los mexicanos en sus autoridades. Se va a requerir mucho más que buenos argumentos técnicos para avanzar la reforma del sector energético. Mal servicio le prestan los diputados del PRI a la transparencia en México y al proyecto de iniciativas del presidente Peña Nieto.

 

Twitter: @jepardinas