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El teléfono rojo no basta

Un ejército de colaboradores en la antesala. Un secretario particular y uno privado. La foto oficial del presidente de la república en un muro. Media docena de teléfonos en el escritorio y la credenza. Es la oficina de un alto funcionario federal.
En medio de todo, destaca un aparato telefónico de vívido color rojo, de estilo algo retro, con algunas luces parpadeantes. Es la llamada red federal, el canal de comunicación del presidente de la república con sus principales colaboradores y de estos entre sí. Segura, se decía. Confiable, se decía.

Pero resulta que no es ni muy segura ni muy confiable. Según un reporte de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), la red es obsoleta. En 2013 se produjeron al menos nueve fallas serias y ese número casi se alcanzó en los primeros cuatro meses de 2014.

En consecuencia, la SCT se propone invertir cantidades millonarias para modernizar la red. Buena decisión: es indispensable que el gobierno federal cuente con un mecanismo de comunicación segura. Más aún después de las revelaciones sobre el espionaje de la NSA a altos funcionarios mexicanos (incluyendo al entonces presidente Felipe Calderón).

Pero eso no elimina, ni mucho menos, la vulnerabilidad de la información. En un sistema de seguridad no hay eslabón más débil que el humano. El peor escándalo de espionaje vinculado a la Presidencia de la República fue producto no de fallas tecnológicas, sino de las presuntas filtraciones de un funcionario (Nahum Acosta, encarcelado en 2005 y liberado meses después por falta de pruebas).
En el gobierno de Calderón, de acuerdo con reportes de prensa, funcionarios altos y medios se comunicaban mediante mensajes de BlackBerry. En el actual, según evidencia anecdótica, Whatsapp se ha vuelto un medio favorito para la comunicación intraburocrática.

No hay sistema, por avanzado que sea, que resista la tentación de la comodidad, el “qué importa”, la necesidad imperiosa de mandar la información ya, así acabe en manos impropias y ante ojos indiscretos.
La modernización de la red federal ofrece una oportunidad para realizar una revisión del estado de la seguridad de la información en las dependencias gubernamentales. ¿Cómo se cuida la información sensible? ¿Cómo se transmite? ¿Los funcionarios han internalizado normas de seguridad en sus comunicaciones internas y externas? ¿Saben cómo cuidar sus equipos, qué decir y por qué medios?

Un mundo interconectado es un mundo indiscreto. Un mundo de teléfonos inteligentes y redes sociales es un mundo de filtraciones, de espionaje ubicuo y masivo. Modernizar la red federal es un buen paso, pero más importante resulta diseminar buenas prácticas de protección de la información, transmitir a los funcionarios los riesgos que enfrentan, el costo de un mal paso, de un equipo que se queda prendido, de un mensaje enviado por redes inseguras. De otro modo, la sapiencia tecnológica será derrotada por la imprudencia humana.

Publicado por El Universal 
21-07-2014