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El TLCAN ha muerto… viva el T-MEC

Hace años, en las revistas de las aerolíneas en Estados Unidos se anunciaba un coach de negociación cuyo lema era: “En la vida no obtienes lo que te mereces, sino lo que negocias”. Creo que puede afirmarse lo mismo del T-MEC.

Respecto al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) original, el T-MEC parecería un retroceso, pero una vez que analizas el entorno, fue el mejor arreglo al que pudimos llegar.

1. Hace tiempo pensaba que México no necesitaba tratados. Estaba mal. China no tenía tratados con casi nadie y comerciaba con todo el mundo en condiciones favorables. China es una economía enorme con una gran ventaja comparativa por su tamaño.

Los años de rezago se compensaban con su gran capacidad de asimilación de empresas, trabajadores, capital y nuevos negocios. México no tendría esas ventajas pero, pensaba yo, el país podría comerciar bajo reglas de la OMC y no va a pasarnos nada. Sin embargo, hoy hay una guerra comercial entre China y Estados Unidos.

La nación asiática tuvo que negociar un acuerdo con Estados Unidos en desventaja, la OMC está casi inoperante, los territorios con acuerdos de libre comercio, al menos, tienen reglas para comerciar. Qué bueno que tuvimos TLCAN y que a partir de ahí pudimos brincar al T-MEC.

2. Hay industrias que perdieron grados de libertad. En la práctica, habrá forma de que las inversiones establecidas le den la vuelta a las restricciones que pone el tratado.

En algún momento se habló de que Estados Unidos estableció cupos para las exportaciones de vehículos desde México, pero las autoridades negociadoras del gobierno saliente negaron que ese fuera el caso.

Sin embargo, la industria automotriz sí tendrá que operar bajo circunstancias distintas: las inspecciones laborales que corroboren que los sindicatos sean representativos de los intereses de los trabajadores de esa industria, y no murallas legales para evitar los derechos de asociación colectiva, serán una realidad.

3. No hay negociación posible que brinde ventajas con un país poderoso y proteccionista. Por ejemplo, el tema de los camiones de carga: el derecho asistió a México en toda la vida del TLCAN en la disputa para que los transportistas mexicanos lograran entrar a Estados Unidos. En la práctica, el poder de los Teamsters mantuvo protegido ese sector.

El muy odiado en México presidente John Walker Bush hizo un programa piloto para permitir el acceso a los camioneros mexicanos, mismo que el muy querido en México presidente Barack Obama desmanteló para nunca discutirse más al respecto. Es mejor seguir teniendo algunas reglas que nos permitan entrar a ese sector algún día.

El gobierno y los líderes empresariales señalan que el T-MEC “es la pieza que faltaba para dar certidumbre a la inversión”. Con franqueza, no es la única, hacen falta más piezas: seguridad pública, democracia, instituciones conducentes para una economía de mercado y un estado menos clientelar.

Sin embargo, el T-MEC salió bien. Hay que aplaudirle a los dos presidentes mexicanos (Peña Nieto y López Obrador) que lograron sacarlo adelante.

Publicado por Fortune
20-03-2020