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El triunfo de la mentira

Tú eres un asesino. Sí, tú, el lector o lectora que tienes estas palabras frente a los ojos has cometido el crimen atroz de quitarle la vida a un ser humano. ¿A quién mataste? Eso no importa. ¿La acusación es falsa? Tampoco es relevante. ¿No hay evidencia alguna? ¿A quién le importa? Yo te acuso de asesinato. Bienvenid@s a una época donde la verdad pierde relevancia y la mentira es una herramienta para el éxito político. Hace unas semanas la revista británica The Economist dedicó su portada a esta paradoja de nuestro tiempo: grandes decisiones colectivas que definen el rumbo de países y continentes se toman con base en falacias monumentales.

En Gran Bretaña, la campaña del Brexit difundió el "dato" que la permanencia en la Unión Europea le costaba a los ciudadanos británicos 350 millones de libras esterlinas a la semana. El número era falso. También se puede mentir con imágenes. El Partido Independiente Británico difundió un póster que muestra una masa humana de refugiados, en su mayoría hombres jóvenes, que avanza en una larga fila a la que no se le ve el fin. La falta de información hacía pensar que esa muchedumbre en la imagen estaba a las puertas del Reino Británico. En realidad la fotografía era una imagen de migrantes que cruzaban la frontera entre Croacia y Eslovenia, ¿pero a quién le importan esos detalles, cuando hay que ganar un referéndum histórico?

En Colombia, el ex presidente Álvaro Uribe encabezó la campaña en contra del acuerdo de paz con las FARC. Uno de sus "argumentos" principales era que si se permitía a los guerrilleros participar en política, entonces los electores colombianos votarían a favor de un gobierno marxista-leninista. Con la entrada del comunismo al poder por la vía del voto, Colombia repetiría la pesadilla venezolana de Hugo Chávez. La mentira o desmesura de Uribe tuvo su éxito en el plebiscidio colombiano, como lo llama John Carlin en El País. Para este autor escocés-español, el problema no son sólo los mitómanos con poder político sino la masa de ingenuos que les hace caso: "Los votantes se dejan conducir como vacas al abismo. Con perdón de las vacas, que seguramente demostrarían más sentido común, ante la perspectiva de la autoaniquilación que las variedades de homo sapiens que habitan Inglaterra, Colombia y Estados Unidos".

El próximo 8 de noviembre, la democracia de las mentiras tendrá la prueba más importante cuando los estadounidenses decidan si un cretino farsante tiene las cualidades y el temperamento para gobernar al país más poderoso de la Tierra. Hoy todos los números indican que Hillary Clinton será la próxima presidenta de Estados Unidos, pero las encuestas decían que en Gran Bretaña perdería el Brexit y en Colombia ganaría el Sí a la paz.

En la política mexicana, la mentira también ha tenido un lugar preponderante. Andrés Manuel López Obrador ha sostenido que las elecciones presidenciales han estado marcadas por el fraude electoral. La evidencia más sólida que presenta para demostrar sus dichos es que él no ganó los comicios. Sólo su triunfo podría validar el resultado. Esa desconfianza es uno de los muchos elementos que ensañan nuestra vida pública.

La mentira y la política son los ingredientes básicos para los peores crímenes que ha cometido la humanidad contra sí misma: los judíos han destruido la economía de Alemania, hay razas superiores y razas inferiores. El holocausto en Europa o el apartheid en Sudáfrica empezaron con una mentira que movilizó a millones de cómplices incautos. De esas invenciones preñadas de veneno nacieron gobiernos, instituciones y potencias militares. Las mentiras en la política engendran verdades de pesadilla.

Publicado por Reforma
09-10-2016