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El cambio climático y la competitividad

Ayer comenzó la COP16 y con ella la gran expectativa de cómo los gobiernos del mundo solucionarán el problema de cambio climático.

Contrario a lo que muchos pensarían, abatir emisiones de gases efecto invernadero (GEI’s) no implica un freno a la competitividad. Existen acciones que no solo abaten emisiones sino que nos hacen más eficientes y se pagan solas.

Si bien, cambiar motores industriales obsoletos de CFE, cogenerar en Pemex o hacer una plantación forestal representan inversiones cuantiosas, los retornos a la inversión son tales que resultan totalmente auto financiables.

Por eso en IMCO consideramos que el debate entre quien debe invertir y que tanto gana la sociedad de abatir emisiones se puede acotar si se basa en números robustos y lo resolvemos con una lupa financiera. ¿Cuánto cuestan las políticas encaminadas a disminuir los impactos climatológicos y cuál es el impacto financiero de dichas acciones?

Tras un ejercicio para evaluar los retornos a la inversión de las acciones de mitigación que consideró el estudio (MEDEC) del Banco Mundial encontramos que 33% de las inversiones para México no sólo tienen retornos positivos, sino superiores al costo de capital promedio de las empresas mexicanas (las 106 que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores).

En otras palabras dichas inversiones nos hacen más competitivos aún sin considerar sus externalidades positivas (por ejemplo: beneficios a la salud, conservación de la biodiversidad, etc.) o la venta del carbono evitado en los mercados internacionales.

Otro grupo de acciones que representa cerca de otra tercera parte de las inversiones logra retornos positivos pero por debajo de los costos de capital de las empresas mexicanas. Es decir, acciones que aunque mejoran la productividad requieren dinero adicional para ser autofinanciables.

Si para estas acciones consideramos una menor tasa de capitalización,  o asumimos que las implementa el gobierno con el costo de capitalización de la deuda pública, encontramos que prácticamente todas son rentables, aún sin internalizar los beneficios sociales.

Entonces sólo la última tercera parte de las inversiones son las que deberíamos estar debatiendo ya que tienen rendimientos negativos. Aquí es donde es difícil encontrar quien debe financiar dichas emisiones y cuanto gana la sociedad por ellas, ya que representan un costo financiero adicional importante para los países.

Sin embargo, ordenar los costos y beneficios de mitigar los gases efecto invernadero nos permite avanzar en los primeros dos grupos de inversiones, las más rentables,  sin tener que esperar a que los funcionarios del mundo se pongan de acuerdo mientras se derriten los polos.

Rodrigo Gallegos es director de proyectos de IMCO. Las opiniones aquí vertidas son a título personal.Rodrigo.gallegos@imco.org.mx