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En vilo

Si el título de esta columna les hizo pensar que esta columna tratará los resultados de la elección presidencial, se equivocaron. Los resultados de esa competencia están cantados: se necesitaría un milagro para cambiar el desenlace. Lo que resta es ver si el PRI logrará una mayoría en las dos Cámaras y si la candidata del PAN rebasará a AMLO. También será interesante ver si alguno de los partidos/negocio perderá su registro electoral. Pero la competencia para llegar a Los Pinos ya se resolvió.

Los resultados electorales afectarán el sistema político y crearán nuevos equilibrios. Por ejemplo, si AMLO queda en un segundo lugar muy distante de Peña Nieto o si la candidata del PAN lo rebasa, será muy difícil que siga en el rol de Gran Tlatoani de la izquierda, sobre todo si candidatos cercanos a Marcelo Ebrard ganan en el DF con un margen amplio.

Pase lo que pase, a partir del domingo próximo el sistema político cambiará. Los cambios pueden ser relativamente modestos si los resultados no afectan la estructura básica del sistema, pero también pueden ser transformacionales, si el PAN o el PRD sufren reveses sorprendentemente grandes. Pero de eso es mejor hablar cuando se conozcan los resultados.

Mientras esperamos esos resultados, hay otra cuestión cuyo desenlace seguramente tendrá mayor impacto sobre el bienestar de miles de ciudadanos que los resultados electorales. Me refiero a la pregunta ¿quiénes serán los afortunados que lograrán un lugar en las principales universidades públicas del País.

Durante estas semanas, miles de estudiantes están terminando sus estudios de bachillerato. Los que aprobaron el plan de estudios en las Escuelas Nacionales Preparatorias o en los Colegios de Ciencias y Humanidades de la UNAM saben que tienen un lugar asegurado en esa institución. Los que estudiaron en las vocacionales del Politécnico están en la misma situación. Estos alumnos son una pequeña minoría privilegiada que tiene garantizada la admisión a estas instituciones vía el pase automático. La gran mayoría tiene que competir para acceder a estas universidades. En esta circunstancia están más del 80 por ciento de los alumnos que concluyen sus estudios intermedios superiores en estas fechas.

La competencia para entrar a las universidades públicas mas acreditadas es feroz. Sólo uno de cada diez de los muchachos que presentan la prueba de admisión de la UNAM logra entrar a la universidad. Esa proporción es parecida a la de Harvard. A ella entra uno de cada 12 solicitantes.

¿Por qué es tan intensa la competencia? En parte se debe a que los lugares disponibles en las universidades públicas han crecido más lentamente que la población de alumnos calificados para aspirar a un grado profesional.

Pero la principal razón tiene que ver con el valor que tienen los estudios superiores. En Cambiando Historias, Chacón y Peña muestran que lo que motiva esa competencia es el hecho de que cada año adicional de estudios causa que los ingresos de las personas crezcan 10 por ciento. Por ello, una persona con estudios universitarios completos en promedio gana 50 por ciento más que la que sólo terminó preparatoria, y las diferencias pueden ser aún mayores: por ejemplo, en el caso de ingeniería de sistemas, la diferencia es más alta.

Anualmente, en estas fechas, cientos de miles de adolescentes colocan apuestas en una ruleta académica cuya recompensa es enorme si se logra un buen resultado que permite entrar a las mejores universidades. Pero para la mayoría de ellos el resultado será decepcionante. La abrumadora mayoría está condenada a seguir una trayectoria de desarrollo profesional plana cuyas recompensas económicas son mediocres.

Para que esto cambie hay mucho que se debe hacer. En el campo de las políticas públicas lo más importante es promover que haya más universidades públicas y privadas, con el fin de sumar lugares donde más muchachos puedan estudiar. Pero esta solución sólo servirá a alumnos cuyas familias pueden apoyarlos económicamente mientras estudian. Para que esta situación no sea un impedimento insuperable, también es necesario asegurar que haya financiamiento suficiente para cubrir el costo de los estudios y la manutención de miles de alumnos calificados. Alrededor de 300 mil alumnos se quedan sin estudiar todos los años por esta razón.

En estas fechas, la mayoría de los mexicanos está en vilo por las elecciones; mejor sería que prestaran mayor atención a asegurar que todos los muchachos calificados puedan cursar estudios superiores.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Consejo del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. 

Las opiniones en esta columna son personales.