Artículo

Enamorados del proteccionismo

Si existe un lugar en el mundo donde las consecuencias del proteccionismo económico son evidentes, ese sitio es Argentina. A finales del siglo XIX, este país tenía grandes expectativas. En 1890, en París, la frase comúnmente utilizada para describir a una persona acaudalada era “rica como argentino”.
En 1946, Juan Domingo Perón se convirtió en presidente de Argentina y nada ha sido igual desde entonces. Perón se aferró al poder hasta su destitución y exilio en 1955 con el golpe de Estado. Regresó en 1973 y gobernó hasta su muerte en 1974. Era un oficial del ejército, admirador del fascismo de Mussolini, nacionalista, industrialista, populista, dictador, nepotista y proteccionista.
A pesar de tantos defectos como jefe de Estado, Perón es el gobernante más popular de la historia argentina. Los movimientos políticos deben identificarse como peronistas para ser exitosos en ese país. Políticos liberales, no peronistas, han fracasado tratando de reformar su gobierno. Mauricio Macri, el último de este tipo, probablemente perderá la elección presidencial.
Los ciudadanos argentinos desean que un peronista regrese al poder. Para ellos no es evidente la relación entre los derroches pasados del gasto gubernamental y la situación económica actual. Quieren regresar a un esquema de dádivas públicas que resulta insostenible.
De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el gasto público de Argentina representa cerca del 42% del producto interno bruto (PIB), pero no existe certeza sobre el dato. El balance del sector público, misma fuente, fue de -4.2% del PIB.
La economía argentina es todavía altamente proteccionista. La suma de importaciones y exportaciones como porcentaje del PIB, una métrica del nivel de apertura comercial, es del 36.1%. En contraste, esta cifra es del 71% en México, 76% en Canadá y 93% en Alemania.
Cierto, el mismo indicador para China es del 29%, 23% para Brasil y 30% para Estados Unidos, pero la diferencia del tamaño económico entre dichos países y Argentina es fundamental. Economías grandes con poblaciones inmensas pueden darse el lujo de ser proteccionistas.. Los demás deben comerciar para tener éxito.
Aun así, el estilo populista argentino está de moda incluso en Estados Unidos. La guerra comercial con China es la última expresión de este proteccionismo. Ahora, México y Canadá son más abiertos al comercio que Estados Unidos. La contribución de la crisis financiera de 2008 a la pérdida de competitividad americana no fue menor, pero las actuales políticas comerciales son también relevantes para explicar este fenómeno. En 1960, la contribución de Estados Unidos al PIB global fue del 40%. En 2018, fue de menos del 25%. Somos un hemisferio que pierde relevancia en el panorama económico e imita políticas de un país que perdió rumbo hace tiempo.
Estados Unidos es un mercado enorme y una fuente importante de gobernanza global, ayuda internacional, innovación y progreso institucional. Sin embargo, su amorío con el proteccionismo le está costando su preeminencia. Al igual que Perón, Donald Trump tiene buenas probabilidades de ser reelecto. Tal vez es tiempo de que nosotros, los discípulos del libre comercio americano, le enseñemos una lección al maestro. Todavía hay tiempo para que el imperio americano revierta su decadencia e impulse una nueva era de prosperidad para el continente.

Publicado por El Sol de México
12-09-2019