Artículo

Envejecimiento de la población

Acabo de participar en un evento en el cual el Director de Planeación Estratégica del Centro Médico ABC hizo una breve pero jugosa presentación sobre las tendencias demográficas del País y sus consecuencias para el mercado de salud privada de México. Le bastaron cinco láminas para mostrar que las tendencias actuales apuntan a graves problemas financieros.

La lámina más importante de esa presentación es una que muestra cómo cambiará la estructura de la pirámide poblacional a lo largo de las próximas décadas. En muy pocos años, la proporción de la población con más de 65 años será mucho mayor que la actual. En consecuencia, a menos que haya cambios radicales al sistema de salud y pensiones, la proporción de los ingresos de los trabajadores activos que se tendrá que destinar a cubrir los costos de la provisión de servicios de salud y pensiones de la población retirada crecerá explosivamente y alcanzará niveles insostenibles. En la tabla adjunta reproduzco los datos más importantes relacionados con el envejecimiento de la población.

La tabla en cuestión proyecta la población en edad de trabajo (20 y 65 años) en relación con la personas de más de 65 años, estas últimas presumiblemente retiradas. Los datos proyectados sirven para interpretar qué tan onerosa será la carga social que tienen que asumir las personas en edad de trabajo para financiar los gastos de salud y retiro de la población de mayor edad.

Los datos consignados a la tabla muestran que la situación actual es relativamente holgada: Por cada persona de más de 65 años hay alrededor de 9 en edad de trabajo. Todavía es relativamente fácil cubrir los costos de manutención de la población retirada con base en los ingresos familiares y las contribuciones sociales de los trabajadores activos.

Pero esta situación cambiará en relativamente poco tiempo. En menos de dos décadas habrá sólo 6 personas en edad de trabajo para cubrir los costos de la población mayor y en 2050 las cifras son escalofriantes: habrá menos de 3 personas en edad de trabajo por cada persona de más de 65 años. La carga social resultante será sofocante. Mucho antes de que llegue ese año, se tendrán que transformar las fórmulas para financiar las pensiones y el gasto de salud de la población retirada.

En una columna previa comenté que como van las cosas, los recursos captados por el sistema de ahorros para el retiro sólo alcanzarán para cubrir alrededor del 25 por ciento de los ingresos promedio de las familias en el año previo a su jubilación. A menos de que crezca muy velozmente el ahorro voluntario que canalizan las familias a fondos para el retiro, las familias mexicanas están condenadas a un estándar de vida muy bajo si dejan de trabajar cuando lleguen a los 65 años. Pero ahí no acaban las cosas: puesto que no hay que olvidar que para la mayoría de las personas los gastos de salud empiezan a crecer velozmente después de los 65 años. Más del 80 por ciento de los gastos de salud de por vida de las personas ocurren después de los 65 años.

Las políticas públicas del País aún no reflejan esta triste realidad. En vez de inculcar una cultura de ahorro voluntario, las ofertas públicas de los políticos de los principales partidos están mandando una señal equivocada: que el Estado debe y puede crear una red de protección social para todos los mexicanos. Esta oferta no es realista.

Veamos un ejemplo que sirve para ilustrar por qué tal oferta no es razonable. En 2012, otorgar una pensión de tres salarios mínimos a cada persona que cumpla 65 años tiene un valor presente de 560 mil pesos (suponiendo una tasa de interés de 3 por ciento real y 11 años pensionados). Este año, alrededor de 650 mil mexicanos cumplirán 65 años. Si el Estado asumiera un compromiso como el descrito en las líneas anteriores, le costaría 4.0 por ciento del PIB a valor presente. Pero ahí no acabarían las cosas, cada año subsecuente se iría sumando un monto similar; en un par de décadas el costo acumulado de proveer este beneficio a la población retirada sería asfixiante.

No hay ninguna solución plausible que permita ofrecer un ingreso generoso al 100 por ciento de las personas que lleguen a los 65 años. No hay remedio. Las familias mexicanas tienen que asumir la costumbre de ahorrar previendo que llegará el momento en que ya no puedan trabajar. Urge comunicar este hecho a todos los mexicanos. Se está acabando el tiempo disponible para enfrentar este reto.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

Las opiniones en esta columna son personales.

Tendencia

AÑO TRABAJADORES ACTIVOS / RETIRADOS
1990 12.4
2000 11.3
2010 9.6
2020 7.7
2030 5.8
2040 4.4
2050 2.9

Reyes, Guillermo, “Tendencias en el Mercado de la Salud Privada”, CMABC, Septiembre, 2012