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Extradítenlo

Por Alejandro Hope | @AHope71 

Foto: Notimex
Foto: Notimex

Capturado Joaquín Guzmán, la pregunta es dónde encerrarlo ¿Debe permanecer en México, compurgar las sentencias ya recibidas y enfrentar nuevas acusaciones ante la justicia nacional? ¿O, debe ser extraditado a Estados Unidos para enfrentar los múltiples procesos iniciados en su contra en ese país?

La respuesta no es sencilla. En México hay riesgo de fuga y peligro de chicanas, la posibilidad de que Guzmán salga libre a golpes de corrupción o intimidación. Es posible que conspire desde ya para salir de prisión, subrepticiamente, en algún carrito de lavandería. Ya se escapó una vez y podría intentarlo de nuevo.

Además de las dificultades de custodia física, hay que considerar los riesgos jurídicos. Su caso será responsabilidad aquí de la misma Procuraduría General de la República que se dijo sorprendida ante la exitosa maniobra de Rafael Caro Quintero para conseguir, mediante un tecnicismo, su liberación. A horas apenas de su detención, el equipo de abogados de El Chapo obtuvo ya un auto de libertad en uno de los múltiples procesos que se le siguen.

Sin embargo, la alternativa estadounidense tampoco está exenta de problemas. Con algo de suerte y buenos abogados, Guzmán podría obtener inmunidad a cambio de información, convertirse en testigo protegido de lujo, títere de la DEA. No sería impunidad, pero no estaría demasiado lejos (dependiendo de los detalles específicos de un arreglo).

¿Qué haría la DEA con esa información? ¿Sólo procurar justicia? ¿O la utilizaría también como palanca y garrote en contra del gobierno de México? Además, desde una perspectiva estrictamente jurídica, no sería sencillo extraditarlo. Guzmán ya interpuso una demanda de amparo en contra de esa posibilidad y peleará por todas las vías para evitar su entrega a las autoridades estadounidenses.

Con todo, enviarlo a Estados Unidos es una alternativa superior a mantenerlo en México. Por dos motivos:

1. La extradición es el principal temor de Guzmán. Así lo prueba el amparo tramitado por su equipo jurídico. Por el motivo que sea, le genera más miedo la justicia estadounidense que la mexicana. Es probable que otros narcotraficantes compartan esa percepción. En consecuencia, la extradición envía un mensaje disuasivo más potente que el encarcelamiento en México.

2. Mantener a Guzmán en México es garantía de opacidad en el proceso. Es virtualmente imposible acceder, en plazos razonables, a expedientes judiciales en materia de delincuencia organizada. Más aún en este caso: además de las restricciones propias de procesos judiciales, es casi seguro que la PGR declarará reservada toda la información relevante. En cambio, si es enviado a Estados Unidos existe la posibilidad (no la certeza) de que se permita el acceso, así sea parcial, a los expedientes judiciales. Una parte importante de lo que sabemos sobre el narcotráfico mexicano proviene de evidencia presentada ante tribunales estadounidenses. Y esa información se abre al escrutinio público al cabo de meses, no de años. Ya se pueden consultar, por ejemplo, parte de los expedientes judiciales del proceso en contra de Vicente Zambada Niebla en Chicago. El hijo de Ismael Zambada, alias El Mayo, fue extraditado en 2010. ¿Es imaginable semejante celeridad para abrir información de ese tipo en México?

En resumen, en el dilema de extraditar o no, es deseable que se imponga la lógica de la disuasión y la primacía de la transparencia. Hay que enviar a Guzmán a Estados Unidos porque a) es lo que teme y b) es el único camino para sacar su proceso de las sombras. Eso vale más que la cauda de orgullo de mantenerlo en una prisión nacional.

Publicado por El Universal 

27-02-2014