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Fabricantes de Cosas

Últimamente, el pesimismo abruma nuestra capacidad para reconocer oportunidades cuando estas se presentan.  La racha de malas noticias es nuestro nuevo mantra.  y problemas Estamos tan acostumbrados a la adversidad que cuando llegan oportunidades no las vemos. 

Como se puede ver en la tabla adjunta,  el entorno competitivo actual para fabricar cosas nos es muy favorable.  Poco a poco, las condiciones económicas se han ido inclinando a nuestro favor;  México es un sitio ideal para fabricar manufacturas, sobre todo comparado con los famosos BRICs, cuya competitividad ha ido disminuyendo velozmente.

Lo primero que cambió fue la tasa de cambio.  Entre 2007 y 2011, el peso se ha depreciado poco más de 20 por ciento contra el dólar En ese mismo período, las monedas de, Brasil, Rusia , India y China se han apreciado;  el Yuan de China, nuestro principal competidor, se ha apreciado 15.3% respecto del dólar y 28.0% contra el peso.  El efecto que esto ha tenido sobre nuestra competitividad no se debe subestimar.

En el mismo periodo de la depreciación el costo de los hidrocarburos ha subido significativamente.  Este incremento ha tenido mayor impacto sobre la competitividad de los BRIC que sobre la de México, por dos razones: primero, porque los cuatro países en cuestión están mucho más alejados de los principales mercados finales a que exportan, que México.  En consecuencia, sus precios de venta LAB mercado final son mucho más altos que los nuestros, sobre todo si se toma en cuenta que México tiene la ventaja de poder transportar sus productos a mercado por vía terrestre.

El costo del financiamiento también nos favorece, sobre todo en comparación a Rusia y Brasil.  Esto se debe a la salud del sector financiero y a la estabilidad económica del País.
Súmese a esto la calidad del entorno de negocios.  México sale mejor calificado que cualquiera de los BRIC en el índice Doing Business del Banco Mundial.  Hay que reconocer que el esfuerzo desarrollado por el gobierno federal y la mayoría de los gobiernos Estatales han causado que mejore la complejidad y los costos de hacer negocios en México.

Tampoco andamos mal en términos del costo unitario de la mano de obra en relación a nuestros competidores, sobre todo cuando esta cifra se ajusta por la productividad laboral.  En esta dimensión, Brasil, China y Rusia, en ese orden, gradualmente han ido perdiendo competitividad en relación a México, sobre todo por la presión que su crecimiento ha generado sobre la disponibilidad y costo de mano de obra calificada.

Por último, aunque es difícil de creer, en término de capital humano estamos mejor que Brasil, India y China - aunque Rusia nos gana por mucho- y si en vez se toma en consideración la salud de la población en edad de trabajo, estamos mejor que cualquiera de los BRIC, puesto que los problemas de salud de los varones rusos son tan graves que sus expectativas de vida se han desplomado a solo 59 años.

En suma, en la competencia internacional para producir cosas, y sobre todo, cosas manufacturadas, México está en una situación privilegiada.  Tuvieron que pasar diez largos años para que la competitividad del País se recuperara; pero al fin cumplimos esa meta.

Hoy por hoy, el principal problema de competitividad de México es el enorme pesimismo que afecta el ánimo de la población y su disposición para invertir, consumir y hacer planes a largo plazo.  Es cierto que tenemos un problema grave de seguridad y procuración de justicia, también es cierto que no hemos encontrado una solución eficaz que permanentemente acabe con la pobreza, pero aun estos problemas se quedan chico ante el efecto tan negativo que tienen las percepciones de crisis que afectan a la mayoría de los mexicanos. 

México está atrapado en un momento repleto de paradojas.  Un sinnúmero de indicadores objetivos muestran que la economía pasa por un relativamente bueno; nuestros competidores más importantes empiezan a flaquear y rezagarse; estamos ganando participación de mercado en Estados Unidos y Europa y está creciendo el segmento de población que se ve a sí misma como de clase media, y podría seguir haciendo una larga lista de cosas buenas.  Pero nos quejamos como si todo en nuestras vidas estuviera mal; hablamos constantemente de lo mal que está País, de lo ineficaces que son nuestros gobernantes, de lo corrupto que son los guardianes del orden, como si todas estas condiciones fueran nuevas.  ¿A quién le conviene alimentar perspectivas tan negativas?  ¿Dónde está es psicólogo que nos ayude a valuar nuestra realidad sobre bases más objetivas?

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Consejo del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C..  Las opiniones en esta columna son personales.