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Fin del petróleo facil

Algunas personas insisten en que la apertura del sector petrolero se discuta como si fuera una cuestión ideológica personal. Se equivocan. Las principales razones para la apertura del sector son de orden práctico.La era de petróleo fácil terminó para México durante la década pasada. El hito que marcó el fin de esa era fue cuando inició la declinación de la producción de Cantarell, en 2004. A partir de ese momento, las reservas y la producción de petróleo han seguido una trayectoria descendente. Hoy, hacer crecer las reservas probadas de petróleo requiere esfuerzos de exploración cada vez más complejos y costosos. Por la misma razón, mantener los niveles de producción acostumbrados requiere cada vez mayores inversiones para producir en lugares cada vez más inaccesibles, operando en condiciones físicas cada vez más retadoras. En estas condiciones, los costos de producir petróleo son cada vez más altos y las capacidades técnicas, científicas y gerenciales requeridas para producir petróleo "difícil" son cada vez más exigentes.

La era del petróleo "difícil" llegó sin que casi nadie en el País lo advirtiera. La vasta mayoría de los mexicanos, incluyendo a la mayoría de los que representan a la ciudadanía en el Congreso, siguen pensando que todo lo que se requiere para producir más petróleo es que Pemex invierta más en cualquiera en el litoral del Golfo y el oro negro inmediatamente empezará a fluir. Nada podría estar más alejado de la realidad.

Posiblemente, en un contexto menos politizado y más técnico, los costos más altos de operación y la escasez creciente de petróleo "fácil" habría sido la señal requerida para ajustar los planes de exploración y producción de Pemex, contratar nuevos recursos humanos calificados, establecer relaciones contractuales y asociaciones con empresas que contaran con las destrezas técnicas y capacidades requeridas para iniciar una nueva era de exploración y producción, desencadenando la ola de innovaciones y cambios requeridos para que Pemex se iniciara en la era del petróleo "difícil". Pero el sector petrolero del País no opera así.

En vez, se desató una gran discusión política que culminó en la mini-reforma de 2009 que de poco ha servido para preparar al sector a la nueva realidad. Lo que sigue es digerir lo qué esto significa en términos prácticos y reflejarlo en nuestras normas legales y en la forma de operar del sector.

La pregunta clave a hacer es: ¿cuál es la naturaleza de las reservas probables y posibles del País? Es decir, ¿qué cambios se tienen que hacer a las normas que gobiernan al sector para que estas reservas, aún no conocidas, se puedan identificar y desarrollar?

Como estamos hablando de reservas aun por probar, las respuestas a las dos preguntas necesariamente implican algún grado de incertidumbre, pero no estamos hablando de temas totalmente desconocidos.

La evidencia científica apunta a que las reservas por desarrollar caen en tres categorías básicas: recursos prospectivos convencionales en tierra, como los de Chicontepec, que suponen retos técnicos muy difíciles de resolver; yacimientos prospectivos en aguas profundas y ultraprofundas e hidrocarburos atrapados en rocas sedimentarias (shale petroleum and gas) que requieren tecnología no-convencional para su extracción. Los tres tipos de yacimientos requieren métodos de producción muy sofisticados que implican retos técnicos y operativos enormes y costos de producción mucho más altos que los acostumbrados. Los costos más altos significan que la renta petrolera que el Estado puede extraer por barril de petróleo declinará conforme se agote el petróleo "fácil".

En la gráfica a continuación aparece una proyección de la producción de petróleo que se puede lograr si se lleva a cabo una reforma petrolera significativa. Lo que está en juego es el área identificada como de "petróleo difícil". Sin la reforma en cuestión, la producción de petróleo y los recursos fiscales provenientes de Pemex seguirán declinando.

PEMEX solo no es capaz de dar esos resultados: Los niveles de inversión requeridos están fuera de su alcance y la empresa tampoco cuenta con la tecnología y los recursos humanos y gerenciales requeridos para producir en aguas profundas y aún menos para extraer petróleo de las lutitas. Para lograr un escenario como el planteado en la gráfica, la participación del sector privado es inevitable.

La era del petróleo "difícil" inició en la década anterior. Lamentablemente, esta realidad todavía no se refleja en al marco normativo del sector petrolero.

 

 

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.