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Fobaproa en Texcoco

*Las opiniones expresadas en esta columna son personales.

En teoría, la vocación natural de un gobierno de izquierda es ampliar y garantizar los derechos de las personas. El profesor de derecho estadounidense Cass Sunstein establece que la distancia entre un principio ético y un derecho efectivo es un presupuesto. Un anhelo loable es que las trabajadoras del hogar tengan acceso a servicios de salud y otra cosa muy distinta es que haya clínicas, médicos y medicinas disponibles para atender y curar a este grupo de la población. El nuevo gobierno necesita administrar mejor sus recursos para que sus compromisos no se queden en promesas o rimas folclóricas.

Después del anuncio de la cancelación del Nuevo Aeropuerto de Texcoco, Enrique Cárdenas afirmó: "La decisión... será recordada como una de las peores estupideces de un Presidente en la historia económica contemporánea". Algo sabe el doctor Cárdenas de historia económica, su libro de 909 páginas, El largo curso de la economía mexicana. De 1780 a nuestros días, es uno de los textos más completos que se han escrito sobre el tema. Además de la historia económica, la otra preocupación intelectual de Enrique Cárdenas ha sido el tema de la desigualdad económica. La decisión de cancelar el aeropuerto es una herida autoinfligida en la agenda de un gobierno que dice tener profundas preocupaciones sociales.

Las consecuencias del absurdo apenas se alcanzan a ver. El aeropuerto cancelado se sigue construyendo. Varilla, cemento y dinero continúan fluyendo a ese páramo gigante de suelo salitroso en Texcoco. Cada día que pasa se siguen invirtiendo más fondos en un fantasma de hormigón. Si la obra se cancela de forma definitiva, el gobierno tendría que pagar cerca de 120 mil millones de pesos a los inversionistas que tienen en sus manos los bonos del aeropuerto. Para no desembolsar esa suma e intentar una complicada negociación, la obra ya cancelada continúa en construcción.

Antes del error de octubre, el dinero para pagar esos bonos provendría del flujo de recursos proveniente de la Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA), que paga cada pasajero al usar la terminal aérea. Como lo explican mis colegas del IMCO Ana Thaís Martínez y Jorge Andrés Castañeda, en www.nexos.com.mx, cinco años de TUA del actual aeropuerto y 25 años de la terminal de Texcoco hubieran saldado esas deudas. La mayor parte del aeropuerto se hubiera pagado con el ir y venir de más viajeros. Como ya no habrá nuevo aeropuerto, ahora esos bonos los pagaras tú.

Al igual que el Fobaproa, el rescate bancario del fin de siglo, la cancelación del Nuevo Aeropuerto implicará la privatización de ganancias y la socialización de pérdidas. Los tenedores de bonos serán rescatados con dinero que se debió encauzar para cerrar las brechas entre las aspiraciones éticas y los derechos efectivos de los ciudadanos. En Twitter ya se bautizó a la cancelación del aeropuerto como el #Pejeproa. El Fobaproa original resultó mucho más costoso al erario público, pero los costos del error actual van más allá de recortar presupuestos para salud, educación y seguridad.

Un pleito legal con los tenedores de bonos aumentaría el nivel de riesgo de la economía mexicana y en consecuencia las tasas de interés que pagan el sector privado, el gobierno y sus empresas. Como lo demuestran Martínez y Castañeda, entre octubre y diciembre, el bono de diez años del gobierno mexicano tuvo un incremento del 28% (de 4.85 a 6.21%). Esa sobretasa se seguirá pagando aún después del año 2024, cuando Andrés Manuel López Obrador termine su mandato.

En el país de un solo hombre, la única salida de este laberinto pasa por que una persona admita y encare las consecuencias de su error. Parece complicado. El peor obstáculo de AMLO para lograr un buen gobierno no es el pensamiento neoliberal o las reacciones conservadoras sino la soberbia embriagante de sus propias certezas.

Publicado por Reforma
09-12-2018