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Fracking

La fractura hidráulica es un método de extracción de gas y petróleo del subsuelo. Primero se perfora un pozo de forma vertical, como tradicionalmente se había hecho en la industria petrolera desde mediados del siglo XIX. Después, de ese pozo vertical, se derivan una serie de ramificaciones horizontales con distintos ángulos y trayectorias. Una vez que se realizan estas perforaciones horizontales se inyectan cantidades monumentales de agua, mezclada con productos químicos, para hacer pequeñas grietas en la roca de lutitas (shale). Estas fisuras dejan salir el gas y el petróleo atrapados en la piedra.

La combinación de la perforación horizontal y el fracking han transformado el orden energético global. De acuerdo a la revista Oil & Gas estos cambios tecnológicos pueden multiplicar por 10 la producción de un pozo. Libros y artículos editados en el año 2008 todavía hablaban de una era marcada por el fin del petróleo. Sin embargo, estas nuevas tecnologías cambiaron la trayectoria de la producción de hidrocarburos. Desde 2008 hasta 2013, Estados Unidos ha logrado aumentar su producción en 2.4 millones de barriles diarios adicionales. Esto equivale a la producción petrolera total en el México actual.

Desde 1940 cerca de un millón de pozos en Estados Unidos se han perforado con sistemas de fractura hidráulica. Sin embargo, ahora, con la perforación horizontal se ha generado una bonanza de hidrocarburos y una intensa controversia sobre las consecuencias ambientales de esta nueva tecnología. El fracking utiliza una mezcla de alrededor de 99% de agua y un 1% de compuestos químicos tóxicos. El consumo monumental de agua puede implicar tensiones políticas en regiones con limitados recursos hídricos. Un solo pozo de shale en su fase inicial de perforación puede consumir entre 20 mil y 200 mil litros de agua. El desarrollo de pozos e infraestructura asociada requiere del tránsito intensivo de camiones que transportan cemento, tuberías o agua reutilizada.

Todo proceso industrial implica cierto nivel de riesgos y consecuencias. Como sostienen el ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg y Fred Krupp, el presidente del Fondo de Defensa Ambiental: "una evaluación de las ventajas y desventajas del fracking debe estar basada en la evidencia empírica disponible y en el contexto de las consecuencias de otras fuentes disponibles de energía" (New York Times, 29-IV-2014).
Las energías renovables todavía no logran dar el brinco tecnológico que las haga costeables en comparación con los combustibles fósiles. En el corto y mediano plazos, la única forma de hacer viable financieramente la generación de electricidad por vía solar o eólica es cobrarle impuestos adicionales a los hidrocarburos o subsidiar las energías limpias. Los autos eléctricos aún son un lujo para ambientalistas de altos ingresos. Además, un coche impulsado por baterías puede resultar altamente dañino al medio ambiente, si la electricidad que lo empuja se produce con carbón.

Las personas que protestan contra el fracking deberían buscar un espacio disponible en su agenda para revisar las consecuencias ambientales de la producción de carbón, especialmente en las minas de cielo abierto. El simple hecho de leer este artículo de periódico implica que tú, lector, eres un consumidor de combustibles fósiles. ¿Cómo llegó el Reforma a tu casa si eres suscriptor?, ¿cómo se genera la electricidad que permite funcionar tu computadora si lo estás leyendo por internet?

México tiene las sextas reservas más grandes de gas shale en el mundo, pero tenemos que importar cerca del 30% del gas que consumimos en hogares e industrias. Con las previsiones industriales adecuadas y una regulación ambiental bien aplicada podemos aprovechar esta oportunidad. Si nos dejamos llevar por debates teológicos, libres de evidencia, tendremos un argumento adicional para explicar por qué nuestra economía no crece lo suficiente.

Publicado por Reforma 
20-07-2014