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Guerras culturales

La mayoría de los que suscribimos la versión moderna de la ideología Liberal interpretamos la elección de Barack Obama como un hito importante.
Pensamos que su elección borraría de una vez por todas la tara fundamental con la cual nació la democracia americana: su tolerancia de la esclavitud y el supremacismo blanco sobre el cual descansaba esta práctica.

La esclavitud siguió siendo una práctica legal en Estados Unidos hasta 1864, cuando se enmendó su constitución, cerca del final de la guerra civil americana.
Los liberales optimistas pensamos que la elección de Obama eliminaría los últimos residuos de esa mácula.

Parafraseando a Ta-Nehisi Coates, pensamos que la elección de Obama serviría para borrar cualquier residuo que quedara de la falsa equivalencia que había entre ser blanco y ser ciudadano ("organising principle of whiteness as citizenship").
Dos ensayos recientes muestran que el optimismo de los liberales descansaba sobre bases débiles.

Los que pensamos que con la elección de Obama EU había entrado en una etapa post-racista de su historia nos equivocamos.
El primer ensayo en cuestión es de David Brooks. Apareció en el New York Times el 26 de Septiembre, con el título "The Abbie Hoffman of the Right: Donald Trump".

Brooks arguye que Trump está cumpliendo un rol similar al que tuvo Abbie Hoffman durante la década de los setenta, como promotor de una ideología radicalmente diferente de la ideología dominante, aunque en este caso, con un discurso diseñado para atraer el apoyo de grupos nacionalistas de derecha, incluyendo a supremacistas blancos.

Hoffman fue un activista social muy influyente que se definía a sí mismo como anarquista. Sus protestas públicas contra la guerra de Vietnam y sus discursos contra el orden político establecido erosionaron la legitimidad de los privilegios y el liderazgo de la élite WASP (White Anglo Saxon Protestants) que había dominado la vida política y económica americana.

Eventualmente, las críticas de Hoffman y de otros activistas provocaron cambios sociales y culturales profundos causando que emergiera un nuevo paradigma cultural americano basado en la meritocracia.

El nuevo paradigma abrió espacios para que personas provenientes de grupos sociales, étnicos y raciales tradicionalmente reprimidos pudieran ocupar roles de liderazgo en el entorno político americano, pero los roles que ocuparon fueron a expensas de los privilegios que tradicionalmente habían correspondido a los WASP.

Brooks ve la elección de Trump como una reacción radical de los WASP a la transformación social de EUA de las últimas décadas.
El otro ensayo en cuestión es de Ta-Nehisi Coates.
Apareció en The Guardian el 29 de Septiembre con título "We should have seen Trump coming".

Coates lamenta haber caído en la trampa de pensar que la elección de Obama marcaba el fin del racismo en EU.
En un ensayo brillante, pero sumamente pesimista, arguye que el supremacismo blanco es intrínseca al tejido social de EU.

Su tesis es que el orden político y social de la cultura americana opera pendularmente: cada paso hacia adelante que dan los afro-americanos (y otras minorías) provoca una fuerte reacción contraria de amplios segmentos de población que consciente e inconscientemente se oponen al avance de estas minorías.

Coates arguye que la elección de Trump es un ejemplo más una historia recurrente de opresión de los grupos étnicos y raciales minoritarios de EU.
Lo interesante del caso es que los dos autores llegan a conclusiones similares habiendo partido de premisas diferentes y usando métodos analíticos aun más diferentes: Brooks construye su argumento con base en una analogía, mientras que el método de Coates es historiográfico.

Sus cartas de vida tampoco se parecen: Brooks es un columnista conservador moderado, históricamente asociado con el partido Republicano.
Escribe una columna de opinión política en el New York Times y participa semanalmente en un programa noticioso de PBS.
Tiene 56 años, nació en Canadá, es blanco, judío y a lo largo de su vida ha escrito libros sobre una gran variedad de temas que lo han hecho famoso y ampliamente reconocido.

Coates, por el contrario, es bastante joven; tiene sólo 42 años.
Es Afro-americano y está en las fases tempranas de lo que promete ser una carrera brillante. Es corresponsal nacional del Atlantic magazine y ganador de la beca McArthur como reconocimiento a su gran talento.
Sus posiciones políticas son del tipo que normalmente están asociadas con el ala progresista del partido Demócrata.

En suma, dos de las mentes más brillantes de EU, con puntos de vista y experiencias de vida muy diferentes, llegan a conclusiones similares: ven a Trump como la punta de lanza de un proyecto reaccionario y retardatario.

Publicado por Reforma
05-10-2017