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Hartazgo

Uno de las debilidades clave de las democracias es que tienen en su haber la posibilidad de suicidarse, generalmente eligiendo un demagogo o redentor que aprovecha momentos de hartazgo de la población para llegar al poder y posteriormente destruye las mismas instituciones que le permitieron llegar a la cumbre con el fin de eliminar la posibilidad de que otro político pueda llegar al poder.

Los ejemplos abundan. Dos de los más representativos y trágicos son los casos de Mussolini y Hitler. Los dos llegaron al poder aprovechando el hartazgo de segmentos amplios de la población con la situación política y económica de sus países. Una vez instalados en el poder, destruyeron las instituciones que antes habían aprovechado para llegar a la cumbre. Se necesitó una guerra mundial para removerlos del poder.

Esa ruta al poder sigue siendo popular en varios países de Europa. El caso más notable es el de Putin en Rusia, pero varios países enfrentan riesgos similares por la presencia de demagogos en roles políticos prominentes, como son Hungría, Polonia, Finlandia, Austria y Grecia. En menor grado, España, Francia y Reino Unido también enfrentan el riesgo de que un demagogo llegue al poder.

En las Américas han sucedido cosas similares. Chávez aprovechó el hartazgo de los venezolanos y el descrédito de los partidos políticos tradicionales para ganar las elecciones presidenciales. Una vez instalado en el poder, cambió las reglas del juego para que ningún competidor pudiera removerlo. Perón también aprovechó el hartazgo de los argentinos para llegar al poder y lo mismo hizo Correa en Ecuador.

Donde nadie se hubiera imaginado que pudiera suceder algo similar es en Estados Unidos. Sin embargo, el hartazgo de la población con la situación política y económica del país ha sido el motor que ha impulsado la candidatura de Trump entre los Republicanos y a Sanders entre los Demócratas. Parecería que la democracia americana quiere suicidarse, eligiendo a un demagogo que después posiblemente se resista a dejar el poder.

Los hombres que redactaron la constitución de EU reconocieron el riesgo potencial de que un demagogo aprovechara su fuerza política para eternizarse en el poder. Esta fue una de las principales razones por las cuales la facción federalista del congreso constituyente insistió que el sistema legislativo fuera bi-cameral y que la elección del presidente funcionara con base en un modelo electoral indirecto. El propósito de estos diseños institucionales era establecer una especie de switch que sirviera como freno para atenuar las expresiones más radicales y apasionadas de los votantes en los comicios.

Por esa misma razón, los constituyentes americanos tampoco estuvieron dispuestos a dar el voto a toda la población. Lo restringieron a hombres blancos, mayores de 21 años, que tuvieran una propiedad real. Con estas restricciones los diseñadores de la democracia más antigua y exitosa de la historia quisieron conjurar el riesgo de que un demagogo aprovechara el sistema electoral para adueñarse del poder, estableciendo reglas que buscaban otorgar el voto a personas que fueran "maduras y responsables". Con el paso de los años, todas estas condiciones se fueron relajando. Actualmente, ninguna de ellas subsiste, pero la democracia americana no se suicidó.

Esto se debió a varías causas entre las cuales destaca que el sistema americano moderno gradualmente forjó un "gran consenso" en torno a un conjunto de principios clave: los derechos fundamentales de las personas, el establecimiento de una economía de mercado, apertura de la economía al comercio internacional, respeto a los derechos de propiedad, liderazgo geopolítico global, apertura política cada vez más amplia a grupos sociales reprimidos y/o sub-representados y respeto a la diversidad cultural, religiosa y social.

El consenso en torno a estos principios impuso límites prácticos a lo que era permisible en las competencias políticas. Aunque nunca faltó algún candidato que estuviera dispuesto a poner a prueba estos límites, hasta esta elección ningún candidato con posibilidades de llegar a la presidencia retó el consenso tan frontalmente. El acuerdo político histórico dio estabilidad política y económica a EU y permitió que se consolidaran instituciones globales, como la OMC, el BIS, la OTAN y varias más.

En esta elección, dos de los tres candidatos finalistas, aprovechando el desencanto popular, retaron con éxito el consenso histórico. Los momios apuntan a que en la elección presidencial se enfrentará una representante de ese consenso con un político novel cuya estrategia electoral representa un rompimiento con varios de los temas fundamentales del consenso histórico.

Gane quien gane, Trump (y Sanders) han quebrantado el consenso histórico. Por eso, aunque gane Clinton, el impacto de estas elecciones sobre la forma de operar del sistema político estadounidense será duradero.

Publicado por Reforma
27-05-2016