Artículo

Hipótesis especulativa

Durante las últimas semanas, he ido confeccionando una hipótesis que, de ser cierta, serviría para explicar algunas de las inconsistencias que se observan en la conducta del Gobierno federal, sobre todo en el diseño y venta de la reforma hacendaria. Ahí les va: ¿Que si la verdadera intención del Presidente no es ser recordado como el Presidente que dio un impulso modernizador definitivo a la economía? ¿Que si su propósito verdadero es reestructurar el sistema político de País con la fracción del PRI que él representa a la cabeza de un nuevo establishment político? En otras palabras, ¿que si su verdadero propósito es pasar a la historia como un nuevo Plutarco Elías Calles, y no como Carlos Salinas de Gortari o Ernesto Zedillo?

No es lo mismo asegurar la continuidad de su partido en el Gobierno con base en el respaldo de la mayoría de los votantes por haber tenido un buen desempeño económico, que obtenerlo por haber establecido una nueva forma de hacer política con base en alianzas con grupos de interés diversos que al sumar sus fuerzas pueden crear una nueva estructura política dominante. Lo primero es lo que trataría de lograr un Presidente que interpreta estrechamente el mandato que recibió en las urnas; lo segundo es lo que trataría de lograr un político que desea liberarse de los candados que impone haber llegado a Los Pinos con menos del 40 por ciento del voto y con mayorías vulnerables y frágiles en las dos Cámaras legislativas.

Para muchos fue sorprendente que un Presidente del PRI diera prelación a la modernización económica del País. Asumir tal rol significaba ir contra los intereses de varios de los principales grupos que conforman a su partido (los sindicatos de Pemex y CFE, el SNTE, los burócratas y los gobernadores de los Estados). Históricamente, el rol del PRI había sido promover y alinear los intereses de grupos políticamente significativos para determinar cómo repartir los costos y beneficios de las decisiones económicas y políticas del País. En las pocas veces que un Presidente del PRI, como De la Madrid o Zedillo, estuvo obligado por las circunstancias a enfrentar los grupos de interés dentro de su partido, las consecuencias políticas en elecciones subsecuentes no se hicieron esperar. Es por ello que durante los dos sexenios del PAN, la principal tarea de los líderes del PRI en el Congreso fue evitar cambios que afectaran los intereses de grupos afines al partido. Por esta misma razón, lo que nadie esperaba era que fuera el candidato del PRI el que más insistentemente apoyara hacer reformas estructurales del tipo que tan fieramente había resistido su partido anteriormente.

Ahora bien, durante los 12 años que el PRI estuvo fuera de Los Pinos, nunca se alejó por completo del poder. Ese periodo sirvió para renovar estructuras y liderazgo y para consolidar la posición de varias de sus principales figuras en las Cámaras, en los gobiernos estatales, a la cabeza de los sindicatos de organismos públicos y paraestatales y en roles claves dentro del partido.

Ese periodo también le sirvió para construir relaciones con los líderes de otros partidos y para desarrollar destrezas legislativas que antes no habían sido determinantes del éxito. La coalición en torno al Pacto por México es una muestra de lo mucho que aprendieron al respecto los actuales líderes políticos del PRI.

El Pacto permitió al PRI fortalecer su posición relativa en el Congreso, aprovechando las fracturas de los dos partidos de oposición para construir una coalición política gobernante. Los hechos están mostrando que esa coalición no se estableció exclusivamente para modernizar a la economía, sino para gobernar, asignando roles protagónicos a líderes políticos del PAN y el PRD, que formalmente encabezan a sus respectivos partidos, pero que son repudiados por muchos dentro de sus partidos y sobre todo por otros que querrían encabezar estas fórmulas políticas.

La pregunta que está en el aire es ¿qué le sucederá a la incipiente coalición que se estableció en torno al Pacto por México, si los ganadores de las elecciones internas son personas cercanas a los Chuchos y a Madero? En esas circunstancias, no sería extraño que se acelerara el proceso de consolidación del PRI/PAN/PRD en un frente unido para gobernar al País, por lo menos durante el resto del sexenio. Por ello, es posible que la creación de una coalición gobernante permanente resulte ser el principal logro del Gobierno de Peña Nieto.

El futuro de esta coalición todavía es muy incierto, pero es posible que se esté definiendo una nueva manera de gobernar al País, con base en una coalición gobernante de centro-izquierda.

Roberto Newell G, es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.