Artículo

Ideología vs. pragmatismo

*Las opiniones expresadas en esta columna son personales.

En un país donde es difícil construir consensos políticos, el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) tiene un nivel inédito de legitimidad. Durante las campañas presidenciales, ningún candidato osó atacar las ventajas del acuerdo trilateral con nuestros socios y vecinos. Cuando la mayoría de los debates públicos se analizan con una buena dosis de carga ideológica, el TLCAN se mira con un sano pragmatismo. Andrés Manuel López Obrador ha nombrado a Jesús Seade como representante del futuro gobierno en este tramo de la negociación comercial.

Jesús Seade llegó a su encargo no como resultado del nepotismo, la lealtad a Morena o el fervor ideológico. El negociador de AMLO en TLCAN se ganó su chamba por la ruta del mérito y la experiencia. El doctor Seade fue actor importante de otros procesos de negociación comercial como el GATT, la Ronda de Uruguay y la OMC. No he leído en público o escuchado en privado una sola frase que ponga en duda sus credenciales curriculares o su integridad personal.

En el terreno de la energía, las cosas pintan a la inversa. Las designaciones en Pemex, CFE y la Secretaría de Energía son como poner al Papa y los cardenales del Vaticano a dirigir los destinos de la reforma de Lutero. Si se quiere dar certidumbre a las inversiones privadas en el sector energético, los nombramientos envían una señal contradictoria.

Las propuestas de inversión en energía del nuevo gobierno son impermeables a la experiencia internacional, representan un atentado al medio ambiente y abrirán un agujero en las finanzas públicas. La idea de construir una nueva refinería es una promesa ideal para ganar votos, pero no atiende los riesgos sobre la seguridad energética del país. El mayor problema energético de México es la caída en la producción de petróleo.

En 2004, Pemex producía 3.4 millones de barriles diarios, hoy la cifra es cercana a 1.9 millones. Los proyectos privados empezarán a rendir frutos a partir del 2019. La empresa italiana ENI comenzará su producción el año entrante para llegar a 90 mil barriles en el 2022. AMLO quiere construir la refinería para reducir la dependencia de las importaciones de gasolina de Estados Unidos. Sin embargo, esta refinería no tendría materia prima nacional para poder producir gasolina. Si México no aumenta la producción de petróleo, la nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco, dependería de petróleo ligero importado para poder operar.

El negocio de la refinación genera utilidades más pequeñas que la producción de hidrocarburos. Pemex estaría usando los recursos escasos de sus proyectos de inversión para apostarle a un eslabón en la cadena petroquímica que genera menos dinero. La semana pasada, la petrolera Exxon Mobil reportó ganancias menores a las estimadas por los analistas financieros. La principal fuente de pérdidas para la compañía texana fueron las unidades de negocios vinculadas a la refinación. Como sostiene el historiador económico Enrique Cárdenas, si se decide construir las refinerías no se deberían sacrificar recursos públicos que se podrían utilizar para becas, vacunas o mejorar las condiciones de trabajo de las policías. Si un privado quiere apostarle a la industria de la refinación y cumplir con todos los criterios de protección ambiental, su apetito al riesgo debería ser bienvenido.

En la estrategia frente al TLCAN, AMLO ha mostrado pragmatismo y voluntad para ajustarse al contexto que impone la realidad. En el sector de energía, el nuevo gobierno trata que la realidad se ajuste a sus moldes ideológicos. Agradecería mucho estar equivocado. Sin embargo, creo que las primeras decisiones en el sector de energía representarán un obstáculo importante a la ambición de cambio que representa el triunfo de AMLO.

Publicado por Reforma
05-08-2018