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¿Iguales?

Las convenciones de los dos partidos políticos de EU fueron un oportunidad inigualable para conocer los mensajes que transmitirán los dos candidatos durante los 100 días de las campañas políticas. El tono de las dos campañas no se parece en nada.

El mensaje de la candidata demócrata es unificador y optimista. El lema de campaña de Hillary es: "juntos somos más fuertes" (Stronger together) y ese mensaje fue transmitido reiteradamente en los discursos de los representantes del partido, incluyendo los de los dos Obama, el del candidato a la Vicepresidencia y en los mensajes de los líderes del partido. Vaya, hasta Bernie Sanders hizo eco del mensaje de solidaridad e inclusión.

Ese mensaje tuvo un reflejo simbólico en los invitados a participar. Estuvo presente todo el mosaico étnico y social americano; participaron hispano-americanos, afro-americanos, judíos, islamistas, blancos y personas con rasgos orientales. También participaron voceros de todas las causas imaginables: feministas, laboristas y miembros de la comunidad LGBT, etc.

Los demócratas reservaron una parte importante de su convención para que comparecieran los parientes de soldados y policías abatidos en el cumplimiento de su deber, incluyendo los tristemente célebres señores Khan, que después se tuvieron que soportar una andanada de insultos del candidato republicano y de sus seguidores.

La coreografía de la convención Demócrata funcionó como si hubiera sido programada por los genios de Disney. Culminó con los testimonios personales de una larga lista de amigos, parientes y aliados políticos de la candidata, que con sus voces reforzaron la tesis que ella es la candidata más calificada y apta para liderar la ejecución de una agenda política progresista e incluyente.

La convención Republicana y el mensaje de Trump fueron la antítesis de la demócrata. El lema de Trump, "que Estados Unidos vuelva a ser grande otra vez" (Make America great again) se escuchó reiteradamente. Pero ese mensaje es todo menos un mensaje de optimismo y bienestar. Por el contrario, refleja nostalgia por otros tiempos cuando, en la opinión de Trump, las cosas funcionaban mejor para EU.

La puesta en escena de la convención tampoco funcionó como hubieran querido los republicanos. Fallaron muchas cosas, empezando por el hecho que varias de las estrellas republicanas decidieron ausentarse: la familia Bush no se presentó, tampoco estuvieron presentes los dos últimos candidatos presidenciales, Romney y McCain. Su ausencia evidenció el daño que Trump ha hecho a los republicanos, como también lo hizo el discurso de Ted Cruz, que se negó a endosar al candidato de su partido.

La lucha sobre los contenidos de la plataforma política también fue durísima. Prevalecieron varias propuestas de Trump, entre ellas dos que dan reversa a políticas internacionales largamente asociadas con el partido: la promoción del libre comercio y un papel protagónico para EU en la geo-política.

En mi opinión, la mayor sorpresa en la plataforma fue el giro que sufrió la tesis geo-política del partido. Los republicanos abandonaron su postura pro-activa tradicional, adoptando en su lugar una agenda aislacionista como no se había visto desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Sin mucho debate público y con poca consideración para las implicaciones que este cambio puede tener para la estabilidad global, el partido Republicano dio un giro abrupto, respaldando una tesis geo-política que si se materializa cimbrará la estructura mundial del poder. En ese contexto, las amenazas de Trump de construir un muro en la frontera, repatriar a los migrantes mexicanos y repudiar los acuerdos comerciales con México y otros países, son pecata minuta.

Tan mal están las cosas en el partido Republicano que el triste espectáculo que causó la esposa de Trump al plagiar el discurso de Michelle Obama, no fue más que una anécdota trivial como muchas otras que ha habido en una lista interminable de tropiezos y rupturas políticas asombrosas. Ganen o pierdan la Presidencia, los republicanos enfrentan una enorme tarea de reconstrucción política.

Pero lo más asombroso de todo esto es que Trump salió de la Convención Republicana habiendo acortado la brecha en las encuestas políticas. Esta se volvió abrir después de la convención Demócrata, pero lo demócratas no deben confiarse.
Trump es un candidato malísimo desde cualquier óptica que se le vea: es menos inteligente que la demócrata; está menos preparado que ella. Su carta de vida delata carencias personales impresionantes. Los datos de vida profesional son un catálogo de malas prácticas de negocios, mientras que los datos de su vida personal delatan una larga lista de promesas incumplidas.

La demócrata es una candidata incomparablemente mejor para ocupar la Presidencia de EU, pero este año electoral todo puede suceder, incluyendo que el demagogo republicano gane las elecciones, inaugurando un periodo de incertidumbre y zozobra internacional como no se ha visto desde los treinta.

Publicado por Reforma
04-08-2016