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Importa Tlatlaya

Importa Tlatlaya porque murieron de bala 22 mexicanos en un solo día en una sola comunidad. Eso debería de ser razón de sobra para investigar a cabalidad el incidente.
Importa Tlatlaya porque subsisten demasiadas dudas sobre lo ocurrido el pasado 30 de junio, demasiadas interrogantes sobre la secuencia de los hechos ¿Es creíble el testimonio dado a Esquire y AP por la madre de una las víctimas? Lo ignoro, pero las acusaciones son demasiado graves como para ser enviadas al archivo muerto.
Importa Tlatlaya porque va de por medio el prestigio del Ejército, una institución fundamental de la república. Nada amenaza más la bien ganada confianza de la población en sus fuerzas armadas como la sospecha de la impunidad. Nada beneficia tanto al prestigio del Ejército como la certeza de que sus integrantes no están por encima de la ley.

Importa Tlatlaya porque, aún si se trató de un enfrentamiento, es necesario revisar como utiliza el Estado la fuerza letal, si se siguieron o no los protocolos establecidos, si se hizo todo lo posible por evitar un choque armado. Vale la pena recordar que Tlatlaya no es un incidente aislado: de 2006 a la fecha, más de 3 mil 600 civiles han muerto en enfrentamientos con personal de las Fuerzas Armadas, según reportes oficiales. No es un número trivial.
Importa Tlatlaya porque está en juego la credibilidad de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). La lentitud de su respuesta ante el caso la ha puesto en entredicho. Algo menos que una investigación exhaustiva y puntillosa tendría efectos demoledores para la reputación de la CNDH.

Importa Tlatlaya porque, nos guste o no, el caso ya adquirió una dimensión internacional. Tanto Human Rights Watch como Amnistía Internacional le están dando seguimiento. El gobierno de Estados Unidos ya se pronunció sobre el particular. No tardará mucho en entrar a la palestra el Congreso estadounidense. Una indagatoria poco convincente podría tener efectos serios para la diplomacia mexicana, particularmente en Estados Unidos.
Importa Tlatlaya porque el presidente Peña Nieto se comprometió a una política distinta a la de su predecesor en materia de derechos humanos. Tiene aquí una oportunidad extraordinaria para mostrar, en los hechos, la diferencia.
Importa Tlatlaya porque le abre al Congreso de la Unión la posibilidad de fortalecer la supervisión y el control sobre las fuerzas de seguridad. Pueden los legisladores federales crear una comisión investigadora, citar a comparecer a todos los funcionarios públicos involucrados en el caso, producir un reporte independiente, revisar la normatividad relevante. Pueden hacer lo que deberían hacer siempre, servir de contrapeso del Ejecutivo.

Importa Tlatlaya porque impele a acelerar la construcción de capacidades policiales en los tres niveles, a dejar de arriesgar a las fuerzas armadas en tareas que no les corresponden.
Importa Tlatlaya porque queremos vivir en un país donde las fuerzas del Estado sirvan de escudo y no de espada, donde no quede duda de que todos, delincuentes o no, tienen derecho al debido proceso de ley.
Importa Tlatlaya para medir la calidad de la democracia mexicana, para determinar si un caso que sería un escándalo en cualquier país democrático (así se trate sólo de un enfrentamiento) se queda aquí en el anecdotario, sin ninguna consecuencia política o legal.

En resumen, importa Tlatlaya para saber qué país somos.

Publicado por El Universal
25-09-2014