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Impuestos para bobos

Cada hombre, mujer y niño mexicano tendrán que pagar 25 pesos adicionales de impuestos para cubrir el crédito fiscal que benefició a Televisa. El crédito fiscal es un eufemismo acuñado por el SAT para denominar los impuestos que se debieron pagar, pero aún no se han cobrado y probablemente no se cobrarán jamás. Estos tributos que no llegaron a las arcas del erario son los agujeros en el queso gruyere de las finanzas nacionales. El principal responsable de la condonación a Televisa no es el SAT, sino el Congreso. En la Ley de Ingresos, los diputados y senadores abrieron un boquete fiscal del tamaño de la catedral metropolitana. Cerca de 27 mil contribuyentes, entre ellos el gigante de la TV, se han apuntado para añadirle un nuevo cráter al queso.

El SAT bautizó este programa como “Ponte al Corriente”. Un nombre más adecuado para este esquema de elusión fiscal hubiera sido: “Sólo los tontos pagan”. Para los mexicanos ñoños está la declaración anual del Impuesto Sobre la Renta. Para los vivales, siempre queda la opción de que nuestros representantes populares y autoridades tributarias les organicen su paquete de privilegios y exenciones. Más que una puerta para la amnistía fiscal, los legisladores aplicaron un impuesto a los contribuyentes cumplidos, esa casta de ingenuos que acata en tiempo y forma sus obligaciones tributarias.

En unos meses, los mismos autores de la condonación a la televisora anunciarán que al gobierno mexicano ya no le alcanza el dinero. Durante el próximo otoño, la reforma fiscal será una prioridad inminente de la República. Treinta y cinco centavos de cada peso de gasto gubernamental vienen del petróleo. Esto implica que los agujeros del queso gruyere se tapan con las ganancias del oro negro. Si se despetrolizan las finanzas públicas, todos los contribuyentes, los cautivos, los bobos y los vivales, sentirán un calambre inmediato en su patrimonio. Si dejamos de ordeñar a Pemex, el gobierno buscará una nueva ubre. Por la vía del IVA habría que duplicar la recaudación de este tributo para reemplazar apenas una fracción de las transferencias por hidrocarburos. Si buscan compensar el faltante por el lado del ISR, habría que cobrar tasas confiscatorias, como las que quiso aplicar en Francia el presidente Hollande.

Programas como “Ponte al corriente” son el mejor mecanismo de contagio para una epidemia de cinismo entre los pagadores de impuestos. El secreto fiscal debe ser un derecho que ampare a las contribuyentes responsables. Los favorecidos por programas de condonaciones deberían perder su derecho a la secrecía, al beneficiarse directamente de un daño patrimonial sobre el erario público. Las personas que reciben transferencias monetarias de programas de gobierno, como Oportunidades, no son protegidas por el anonimato. Si un mexicano recibe un subsidio contra la pobreza, su identidad es de dominio público, pero si obtiene el privilegio de no pagar los impuestos que le corresponden entonces sí aplica la protección de datos personales. La información del caso de Televisa se hizo pública gracias a los criterios de apertura de las empresas que participan en la Bolsa Mexicana de Valores.

Qué principio debe tener mayor preeminencia en nuestras leyes ¿el secreto fiscal o la transparencia sobre los recursos públicos? La semana pasada el pleno del IFAI, en una decisión dividida 3-2, determinó que en nombre del interés público pesa más la transparencia de las condonaciones tributarias que la protección de datos fiscales de gobiernos estatales y municipales, los cuales fueron eximidos de entregar completo el ISR de sus empleados. El valiente dictamen del IFAI, elaborado por la comisionada Jaqueline Peschard, es un paso en la dirección correcta. El secreto fiscal no debe funcionar como una tapadera para la evasión de impuestos. Necesitamos reglas fiscales que desincentiven el cinismo, para que ser un contribuyente responsable no sea una epopeya ni de héroes, ni de bobos.

Twitter: @jepardinas