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Indignados

Los movimientos de protesta en Europa y Estados Unidos han ido creciendo conforme avanza la crisis, y si sigue creciendo, es probable que estos movimientos se extiendan y se intensifiquen.  Hasta la fecha, no hay una estructura visible que amalgame, coordine y dé liderazgo a las protestas internacionales.  A pesar de ello, coinciden en varios puntos: Están enfadados con la crisis económica mundial, con el desempleo y con la pérdida de ingresos de la clase media en general y de los jóvenes, en particular.  También están de acuerdo al reclamar que hasta la fecha la gran mayoría de los culpables de la crisis económica han logrado evadir cualquier responsabilidad material o penal.  Esto quizá sea lo que más rabia provoca.  También protestan contra el deterioro de la distribución de ingresos; la pérdida de ingresos y activos de las personas de clase media y la reducción del estándar de vida de las personas. 

Los movimientos de protesta en Atenas, Roma, Madrid, Nueva York y Tokio (y en mucha menor escala, la Ciudad de México) son independientes entre sí y aparentan ser acéfalos.  La prensa de Estados Unidos reporta que la legitimidad del movimiento de Nueva York se alimenta y sostiene de su conducta espontánea y del hecho que parece estar libre de los compromisos que normalmente acompañan a los movimientos políticos: No tiene líderes visibles y para evitar que su movimiento sea capturado o cooptado por partidos políticos, sindicatos u otras organizaciones, sus participantes no han querido publicar una agenda propositiva específica. 

Las protestas en Europa tienen atributos similares.  Los que protestan en Madrid, París, Atenas y Roma también desprecian a los políticos y rechazan ser representados por cualquier grupo o persona en negociaciones con el gobierno y sus representantes.  Protestan contra todo, y no piden nada; no están dispuestos a nombrar líderes o representes; repudian ser representados por terceros, por inocentes que estos puedan ser y no quieren saber nada de estructuras políticas o económicas permanentes, aun cuando estas les pudieran facilitar las operaciones de su movimiento. 

La naturaleza acéfala de estos movimientos de protesta ha causado que varios analistas piensen que las protestas serán efímeras.  Pronostican que en cuanto llegue la temporada de frio, los manifestantes desalojarán los espacios públicos que tienen ocupados y las protestas se disiparán.  Creo que estos analistas se equivocan.

La fuerza de los movimientos deriva de su naturaleza.  Si se parecieran, aunque fuera solo superficialmente, a las organizaciones políticas y económicas que repudian, perderían el apoyo de sus simpatizantes.  Los movimientos de protesta actuales lo que están manifestando es un repudio puro, (de naturaleza más bien cultural) a las conductas de las estructuras e instituciones que causaron la crisis global.

Hay antecedentes que son útiles para entender de qué se trata esto.  Un movimiento similar acabó con la legitimidad de la guerra con Vietnam y llevó a la no-reelección de L. B. Johnson y a la salida de Estados Unidos de la guerra en Asia.  Un movimiento de protesta similar acabó con la discriminación racial institucionalizada del sur en Estados Unidos.

El movimiento estudiantil de protesta de 1968 primero provocó la violencia y después causó que Echeverría y López Portillo dieran un giro total a la forma de conducir la economía.  El populismo económico fue una respuesta inadecuada a las legítimas protestas de los estudiantes y eventualmente condujo a una profunda crisis económica cuyas consecuencias aún estamos pagando.

Si los políticos de Estados Unidos y Europa no logran acuerdos políticos que permitan resolver los muchos retos que deparan de la crisis económica, es posible que el gran enfado que manifiestan tanto los que apoyan al Tea Party, como los que protestan en las plazas de Madrid y en Wall Street conduzca a experimentos políticos y económicos locos y sumamente peligrosos. 

No perdamos de vista el hecho que a pesar de diferir en sus convicciones políticas y económicas, tanto los del Tea Party como los que participan en las propuestas en Nueva York quieren eliminar el banco central de Estados Unidos.  También coinciden en el propósito de derrocar al gobierno federal de Estados Unidos y de meter a la cárcel a los que encabezaban las instituciones de Wall Street que causaron la crisis financiera global.

Los que protestan en Europa piden cosas similares: quieren que se repudien las deudas de los gobiernos nacionales de los países en crisis y que se socialicen los pasivos de pensiones aun cuando estos sean incosteables e inconvenientes. 

Entramos en la fase de activismo político de la crisis financiera global. Ojalá ahora sí respondan los responsables de la toma de decisión política.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.