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¿Inflación a la vista?

Recientemente se ha desatado un debate intenso sobre los aumentos que han sufrido los precios de los commodities. Según el Índice de Precios de Commodities del Economist, los precios de productos alimenticios han aumentado 37% durante el último año, el petróleo 16.7% y el Índice General de Commodities 38%. Algunos analistas interpretan estos aumentos como un augurio de que se avecina un periodo de aumentos generales de precios a nivel mundial. Otros razonan que lo que estamos viendo no es inflación, sino cambios en la estructura de precios relativos de bienes y servicios que se intercambian globalmente. Visto en estos términos, el debate en marcha más bien parecería una pedantería del tipo que solo entretiene a economistas. Pero en mi opinión, lo que hace que esta discusión sea importante es que dependiendo de la conclusión que se alcance, se recetarán políticas públicas con consecuencias diferentes entre sí para los ciudadanos de a pie.

La definición convencional de inflación reza que inflación es un aumento general del nivel de precios.  Normalmente, una lectura rápida de esta definición no suscita mayor controversia, aunque nunca falta algún analista que cuestione si es apropiado incluir el adjetivo general para calificar cuáles son los precios afectados por el fenómeno.

Y ahí es donde está el detalle: Si los precios que aumentan son solo un subconjunto del total, entonces estamos ante un cambio de precios relativos. Mientras que si todos están aumentando, entonces indiscutiblemente se está en la presencia de un evento inflacionario.

Los remedios para las dos situaciones son muy diferentes. Veámoslo desde de una perspectiva doméstica. El precio nominal del maíz amarillo que se consume en México ha subido 73.3% durante los últimos doce meses. Durante el mismo plazo, el Índice General de Precios al Consumidor en México subió solo 4.4%, y la tasa de cambio se revaluó 5.4%.

Con base en estos datos, concluiría que estamos ante un cambio de precios relativos, puesto que el aumento del maíz amarillo (el cual se importa en grandes cantidades) es mucho mayor que el aumento general de precios en México, y se dio en un periodo en el cual la cotización del dólar se tornó más favorable para los que ganamos en pesos.

En este contexto, si lo que se desea es reducir el nivel de precios del maíz (sin reducir la cantidad demandada del producto), lo que se requiere son políticas públicas que aumenten la disponibilidad de maíz amarillo en el mercado local. Esto se puede lograr importando más maíz amarillo producido en otros países, o sembrando más maíz (y luego esperando hasta que esté la cosecha correspondiente).

Un monetarista puro quizá contestarìa que también se puede lograr una reducción del precio del producto por medio de un aumento de las tasas de interés (vía un influjo mayor de dólares) que conduciría   a una reducción del precio del maíz vía una revaluación del peso, pero de tal política hace más sentido cuando lo que se desea es una reducción general de la inflación de precios, no cuando lo que se busca es afectar una estructura de precios.

Lo que estamos viendo a nivel mundial es un fenómeno de la economía real. Los aumentos de precios de los commodities se explican en su mayor parte por el crecimiento tan veloz del consumo de los BRIC y de varias otras economías. No dudo que alguna (pequeña) parte de los aumentos de precios de estos productos se deba al crecimiento de la oferta de dólares en circulación a nivel mundial. Pero, si el motor de los aumentos fuera primordialmente monetario, se hubiera expresado en un alza generalizada de los precios de todos los bienes y servicios que se comercian mundialmente. En mi opinión, ese momento todavía no llega.

Tampoco creo que estemos a punto de ver una inflación general derivada de efectos de concatenados de la inflación de los commodities sobre los salarios y de ahí a los demás precios. Es cierto que en algunos países la fuerza de los sindicatos puede conducir a aumentos similares a los aumentos que han tenido los commodities, pero mientras subsistan los efectos de la crisis económica mundial en las economías desarrolladas (y México) una espiral de precios provocados por demandas laborales parece poco probable.

Cuando por fin se ocupe una mayor proporción de la capacidad ociosa (fábricas, equipo y personas desocupadas) que hay en las economías desarrolladas es posible que la inflación de precios se generalice. Cuando eso suceda, es posible que los precios de los bienes y servicios actualmente deprimidos aumenten velozmente. Sólo entonces sabremos qué tan permanente es la actual estructura de precios relativos de la economía mundial. En ese momento también se aclarará cuáles fueron los efectos inflacionarios de la política monetaria que Estados Unidos (y otros pocos países) han instrumentado para salvar la crisis. Pero para eso todavía falta un rato.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Consejo del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.