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Ingleses vs europeos; ¿a quién le van?

Este viernes pasado, el gobierno de Reino Unido decidió mantenerse al margen de las negociaciones que conducirán los demás países de la Comunidad Económica sobre un conjunto de reglas para coordinar sus políticas fiscales.  Estas negociaciones son parte de la respuesta que están diseñando los gobiernos de Alemania y Francia para salvar al Euro.  Todavía es demasiado temprano para saber si estas reglas son parte indispensable del paquete de medidas para cumplir este propósito, pero el gobierno británico, leyendo entre líneas,  decidió que uno de los principales propósitos del nuevo acuerdo sería fraguar un paquete que incluiría un impuesto a las transacciones financieras y una supervisión más estrecha de sus intermediarios financieros por parte de las autoridades de la Comunidad.  En su opinión, tales condiciones perjudicarían a los negocios financieros domiciliados en The City of London, y por ello, decidieron quedarse fuera del acuerdo. 

El conflicto que su decisión suscitó fue grande, tanto con otros países de la Comunidad, como hacia el interior de la coalición que gobierna a Reino Unido.  Todavía es muy temprano para saber si su decisión causará una fractura profunda en la Comunidad Europea, o si es solo un ejemplo más de las muchas fricciones que ha habido a lo largo del proceso de integración económica de Europa.  Lo único que se sabe con certeza, es que las diferencias fueron mucho más marcadas que la mayoría de los casos previos y que el conflicto llegó en un momento particularmente delicado para los países que componen la zona del Euro.

Cameron se auto-define Euro-escéptico, como la mayoría de los partidarios del Partido Conservador.  Sin embargo, probablemente ni el esperaba este resultado.  Pero es probable que el conflicto no solo sea sobre cuestiones que interesan a uno de los principales sectores de la economía inglesa; pienso que   delata diferencias filosóficas que tienen raíces más profundas. 

Merkel y Sarkozy, y los gobiernos de los países que firmaron el acuerdo (y los Laboristas y Liberales ingleses) están de acuerdo en que para salir de la salida es indispensable vincular las economías de Europa aún más de lo que ya de por si están atadas vía la Comunidad Europea y el Euro.  El acuerdo sienta las bases para que se negocie un programa de coordinación fiscal cuya principal premisa de diseño es que para salvar al Euro se requiere que todos los países de la región tengan finanzas públicas equilibradas y sanas y sistemas financieros solventes y responsables.  En opinión de Merkel y Sarkozy,  esto solo se puede lograr si todos los países se comprometen a manejar sus finanzas públicas sobre bases austeras y sus sistemas financieros bajo la estrecha vigilancia de los reguladores.

Cameron coincide con Merkel y Sarkozy en lo que corresponde a las finanzas públicas, pero difiere respecto de la mejor forma de garantizar la estabilidad del sistema financiero.  Cameron es un fiel creyente en la capacidad de los mercados para auto-regularse y está convencido que la intromisión de los burócratas de la Comunidad en la operación del sector financiero inglés solo conducirá a excesos burocráticos e ineficiencia y reducirá una de las ventajas competitivas del Reino Unido.

He visto muchas crisis financieras de cerca; dediqué varios años de mi vida profesional a este tema.  Me consta que ni los mercados ni los reguladores, por si solos, garantizan la estabilidad de los mercados financieros.  Las cosas parecen funcionar mejor cuando las reglas de capitalización son claras y las empresas financieras están obligadas a divulgar toda la información que tienen sobre los riesgos que se traen en cartera.  Pero ni así voy a estar tranquilo. 

Creo que en adición a lo anterior, todas las instituciones financieras deberían estar obligadas a cotizar sus acciones en los mercados de valores y a vender una muestra representativa de su cartera en los mercados de capital.  Esto serviría para que además de contar con los resultados que generan las reglas prudenciales de capitalización, también se tuviera la valoración que hacen los mercados sobre la calidad de la cartera en riesgo y la estabilidad y solvencia de las empresas financieras.  Si a estas evaluaciones se suman los peritajes técnicos que hacen las autoridades y las calificaciones de riesgo que preparan empresas como Moody’s, S&P y Fitch, estaríamos acercándonos a una solución que me agradaría más.

En pocas palabras, en la disputa actual no me convencen ni las soluciones de los europeos ni las de los ingleses; las dos se quedan cortas.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Consejo del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.