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Inicio de año de Trump

En la Casa Blanca impera el caos.

Trump va de crisis en crisis: ¿que si los intercambios de tweets del dictador norcoreano con el demagogo americano pueden provocar una guerra nuclear? ¿que si Mueller tiene evidencia que mostrará que Trump se coludió con Rusia para ganar las elecciones? ¿que si Flynn soltará la sopa cuando sean entrevistados por el FBI? ¿que si el desorden de la Casa Blanca refleja el deterioro psicológico y mental de Trump? etc.

Pero en vez de que todas estas tempestades me alienten a pensar que Trump seguramente debe estar demasiado distraído para dedicarle tiempo y atención a cualquier tema que tenga que ver con México, temo que la crisis en que está envuelto lo orillará a intentar retomar control de la agenda arremetiendo contra el País para mostrarle a sus bases que sigue vivo y que no ha olvidado sus promesas de campaña.

En un artículo de la revista Politico (I/7/2018), A. Restucia y D. Palmer reportan que Trump aprovechó la reunión reciente en Camp David con líderes Republicanos para avisarles que en su Informe anual (State of the Union) -o quizá en la reunión anual de Davos- anunciaría medidas comerciales "agresivas" contra China y otros países, supuestamente para reducir el déficit comercial de EUA.
El reportaje de Restucia y Palmer no entra en los detalles de las medidas que el Gobierno de Trump está considerando implantar, aunque mencionan que estas podrían incluir aranceles más altos.

En vez, los autores dedican la mayor parte de su ensayo a reportar que el Presidente americano está frustrado ante el nulo avance de su Administración en el objetivo de reducir el déficit comercial de EUA y está deseoso de acelerar el paso para cumplir con las expectativas de sus seguidores.
Restucia y Palmer centran su atención sobre medidas que están bajo consideración para redefinir la relación comercial de EUA con China.

En su ensayo dedican sólo un par de oraciones a la posibilidad de que Trump decida abandonar el TLCAN, puesto que parecen pensar que tal medida enfrentaría resistencia de varios legisladores Republicanos.
Lamentablemente, creo que los autores se equivocan si piensan que las medidas comerciales que Trump anunciará serán contra China.

No se necesita ser un genio en geo-política para reconocer que la aplicación de medidas proteccionistas enfocadas sobre China probablemente motivaría medidas retaliatorias por parte de esa nación.
Una política comercial discriminatoria casi seguramente desataría una guerra comercial con China, misma que podría afectar otras dimensiones de las relaciones entre las dos súper-potencias con probables consecuencias sobre el equilibrio estratégico global y efectos inmediatos sobre la la estabilidad geopolítica y económica de Asia.

Por ello, es probable que los consejeros internacionales de Trump le estén aconsejando que aun cuando EUA actualmente todavía cuente con la fuerza económica y militar para imponer su voluntad a China, no debe olvidar que la brecha económica y militar entre China y EUA cada día es menor y que la memoria histórica de China es larga. Si EUA impone sanciones comerciales caprichosas, China algún día se las cobrará.

En suma, un enfrentamiento comercial entre EUA y China seguramente tendrá consecuencias duraderas sobre la relación bilateral entre los dos países, análogas a las que aun afectan la relación entre Japón y EUA, derivadas de la imposición por Reagan de las restricciones "voluntarias" a los exportadores japoneses para reducir el déficit comercial entre los dos países.

Es probable que Trump entienda que en las condiciones geopolíticas actuales tratar de imponer un arreglo equivalente a China puede resultar demasiado costoso para EUA en el largo plazo.
Por ello, creo que si lo que Trump realmente busca es una estrategia económica que reenergice las simpatías de sus partidarios, distraiga a sus adversarios políticos y simultáneamente evite asumir riesgos geopolíticos aparatosos, le resulte más conveniente arremeter en vez contra México, cuya capacidad de respuesta es menor debido a su fuerza geopolítica y económica más limitada.
Por todo lo anterior, temo que en las semana próximas la economía de México estará expuesta a riesgos derivados de la debilidad política de Trump y de su afición por los gestos espectaculares.

El gran caos y la descomposición moral e intelectual presentes en la Casa Blanca están creando un caldo de cultivo que es ideal para que el Presidente americano cada día haga barbaridades más grandes.
Trump se siente acorralado, pero el pánico que siente puede motivarlo a tomar decisiones grotescas que afectarán a México y a los mexicanos.

Publicado por Reforma
11-01-2018