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Invertir en salud

En el índice de competitividad estatal 2020 del IMCO, dijimos que es indispensable invertir en el sector salud. 

El gasto en salud en México es cercano al 5.4% del PIB (sumando gasto público, privado y gastos de emergencia pagados directamente). Quizá no tanto como las naciones de la OCDE, que en promedio pagan 8.8% del PIB, ni como Colombia y Chile, que gastan 7.2% y 9.1% del PIB, respectivamente, pero aún así, 5.4% del PIB es bastante dinero. 

Como en muchas de las cosas disfuncionales en México, la salud está en la frontera en donde no hay claridad sobre qué toca a los estados, al Gobierno federal, a las empresas y a las familias. Una política de monopolio estatal de los servicios médicos y la seguridad social, que parecía muy buena para la Prusia del Canciller Bismarck, es una fuente de discordia y división. 

En México, la salud depende de dónde trabajas. Si trabajas en Pemex o en las Fuerzas Armadas, tus prospectos de tener un servicio de salud decente son mucho mejores que si tienes que atenderte en el ISSSTE. Las perspectivas de un trabajador del sector privado afiliado al IMSS son ligeramente mejores que las del servidor público. Sin embargo, el servicio en el IMSS también será deficiente, y puede resultar en complicaciones de salud o la muerte. Por otro lado, la encuesta intercensal del Inegi en 2015 detectó al 49.9% de la población total como derechohabiente del entonces Seguro Popular (hoy Insabi), donde no te puedes atender cualquier enfermedad. 

Además, cada vez menos mexicanos pueden tener un seguro de gastos médicos. En 2018, en los Estados Unidos el 67.3% de la población dijo a la Oficina del Censo tener un seguro privado. En México, la encuesta intercensal del Inegi en 2015 ubicó al 4.8% de los mexicanos como derechohabientes de instituciones distintas al ISSSTE, IMSS, ISSFAM o Seguro Popular. Algunos estarán en sistemas locales de salud no afiliados al IMSS o al ISSSTE. Quizá un 1% o 2% de la población total tenga un seguro de gastos médicos mayores privado. 

De acuerdo con un estudio reciente del IMCO, más de 16 millones de mexicanos carecen de protección financiera en salud. En medio de la COVID-19, han abundado historias sobre las trampas burocráticas que pueden impedir el acceso de pacientes a las salas de urgencias de hospitales públicos o privados. 

Para recibir una atención razonable en un hospital público en México, se necesita ayuda. Palancas. No es raro; es un monopolio. Hace años había una discusión entre economistas y académicos sobre si el Seguro Popular incentivaba la informalidad. Santiago Levy ha insistido en que sí, y que México necesita universalizar la seguridad social. La atención médica básica debe estar pagada por impuestos al consumo, como el IVA, que se deben cobrar hasta en el tianguis. Las autoridades locales son muy importantes para lograrlo. 

Es absurdo que tengamos que pagar un seguro de gastos médicos mayores cuando pagamos un alto impuesto sobre la renta de asalariados, y la empresa en donde trabajamos paga el IMSS. Mi patrón paga porque se puede ir a la cárcel si no lo hace. El absurdo total es que la señora tianguista tenga que atenderse en una clínica privada de dudosa calidad cuando en teoría con sus impuestos generales debería recibir una atención médica de excelencia. Sí, pertenece al sector informal, pero algo de IVA paga. 

¿Dónde prefiere estar? ¿En Bélgica que gasta 10.3% del PIB en su sistema de salud pública, o en Estados Unidos, donde tendrá que aportar un 7% adicional del ingreso? La atención a la COVID-19 en ambos lados es muy distinta. Si algo sale mal, en EUA puedes culpar a un sistema de seguros, a la práctica privada, mediante el sistema judicial. En el monopolio de la salud belga, te vas a morir en el triaje de un hospital público, solamente un poco mejor que en México, donde vas a morir en la banqueta. Una combinación de recursos públicos y privados es la mejor opción para la atención en salud. 

Salud universal, como dice el economista Santiago Levy. Una sola póliza pública que atienda un catálogo limitado de enfermedades para todos los mexicanos. Eso implica una reforma fiscal que haga énfasis en el IVA. Los efectos regresivos se compensarían por gasto progresivo para dar atención médica de calidad, especialmente a los más pobres. Quizá implica un IVA cercano al 25%, y lo deberían cobrar y enterar hasta los vagoneros en el metro de la Ciudad de México. Si alguien quiere enderezarse los dientes, tendrá que tener un seguro privado. No vamos a llegar al 17% del PIB de los estadounidenses, ni al 10.3% de los belgas, pero ojalá lleguemos al 9.2% de los chilenos.

Publicado por El Financiero
15-07-2020