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Jugar con fuego

El mundo se puede dividir en dos grupos de países: los que tienen gasolinas baratas y los que pagan una lana considerable por el combustible. En Venezuela cada litro de gasolina cuesta 20 centavos de peso mexicano. En la tierra de Hugo Chávez casi puedes llenar dos tanques completos con lo que aquí apenas pagas por un litro de Magna. De acuerdo a la página de Internet Globalpetrolprices.com, después de Venezuela, las naciones con las gasolinas más baratas son Arabia Saudita, Turkmenistán, Argelia, Egipto, Ecuador e Irán. En el otro extremo de la tabla están las economías donde el combustible cuesta un ojo de la cara. En Hong Kong, cada litro de gasolina costó a principios de enero casi 42 pesos mexicanos. En Noruega 40. En Holanda, Israel, Dinamarca e Italia los precios andan por los 35 pesos por litro. Con datos del 9 de enero, México ocupa el lugar 51 en la mitad "barata" de la tabla de 166 países.

El terremoto político que cimbró a México después del gasolinazo es consecuencia de un doble malentendido. Por un lado, los ciudadanos suponemos que podemos pagar menos por cosas que en realidad cuestan más dinero y que es obligación de la autoridad costear los pesos de diferencia. Por otro lado, el gobierno de Enrique Peña Nieto asume que los mexicanos podemos tolerar niveles obscenos de despilfarro, corrupción e impunidad, sin que el agravio constante detone ira e inestabilidad social.

Esta misma semana surgió evidencia de lo mal que se gasta el dinero público en nuestro país. De acuerdo a la OECD, en 2015, el 70% de las compras de Pemex se realizaron por medio de asignación directa, sin necesidad de convocar a distintos proveedores que pudieran haber concursado por ofrecer mejor precio y calidad. Esta tendencia se ha disminuido radicalmente en la gestión de José Antonio González Anaya al frente de Pemex pero ¿quién ha llamado a cuentas a Emilio Lozoya para que explique las consecuencias financieras de asignar tantos contratos por dedazo?

Hay más evidencia fresca del probable mal uso de fondos del erario. Esta semana, Mikel Arriola, director general del IMSS, y el secretario de Salud, José Narro, pidieron a gobiernos estatales que participen en las compras consolidadas de medicamentos. En estas megalicitaciones se compran al mayoreo enormes cantidades de medicinas, lo cual permite ahorros muy importantes. Un gobernador que no quiere participar de los procesos de compra consolidada de medicamentos es una autoridad que se siente cómoda desperdiciando el dinero ajeno. En el IMCO estamos considerando usar la participación en compras consolidadas como una variable para medir el buen gobierno y la competitividad de las entidades de la República.

¿Qué hubieran hecho ustedes?, pregunta un Presidente que busca inspirar lástima, como medio para frenar su desprestigio. Una medida viable y necesaria sería anunciar que cada semestre, todas las dependencias de la administración pública tendrán que difundir un reporte para medir cuántos contratos y qué porcentaje de su presupuesto se asignó por dedazo o por concurso. Además se podrían realizar auditorías del gasto federalizado sobre todos los gobiernos estatales que no participen en los procesos de compras consolidadas de medicamentos.

Esta semana el Instituto Nacional Electoral tomó una decisión sin precedente: decidió ahorrar dinero público. Twitter, un medio normalmente incendiario contra cualquier figura o institución que represente un símbolo de autoridad, recibió con buenos ojos el gesto republicano de los consejeros del INE. Se requieren medidas como ésta no sólo para ahorrar recursos presupuestales, sino también para humedecer ese pastizal seco, donde cualquier chispa puede incendiar el ánimo colectivo. A México le urgen estos esfuerzos por devolverles cierta dignidad y respeto a las instituciones de la República. Quienes tratan el dinero del erario como patrimonio privado están jugando con fuego y gasolina.

Publicado por Reforma
15-01-2017