Artículo

La CNTE y el Estado mexicano

Artículo 9o. No se podrá coartar el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito... Ninguna reunión armada, tiene derecho de deliberar.
No se considerará ilegal, y no podrá ser disuelta una asamblea o reunión que tenga por objeto hacer una petición o presentar una protesta ante una autoridad... si no se profieren injurias contra ésta, ni se hiciere uso de violencias o amenazas para intimidarla u obligarla a resolver en el sentido que se desee.
Art. 89o. Fracción VI. (Referentes a las facultades y responsabilidades del Presidente) Preservar la seguridad nacional...,..., y disponer de la totalidad de la fuerza armada permanente ... para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación.

No sé necesita ser un experto en derecho constitucional para saber que el Gobierno federal está violando la Constitución cuando consiente los bloqueos y la violencia de la CNTE. Convocar a los líderes de la sección disidente a dialogar, en vez de encarcelarlos, es incumplir con la obligación que tiene el Ejecutivo federal de mantener la seguridad interior. Tolerar provocaciones, bloqueos, vandalismos y violencia no solo fractura el orden, sino que invita a los sublevados a cometer actos cada vez más agresivos y radicales. Después de décadas de omisiones y prevaricación el Estado mexicano debería haber aprendido la lección que tolerar lo intolerable no es una estrategia, sino una cobardía que prolonga e incentiva el desorden.

Pero aunque la obligación de gobernar esté claramente establecida en la Constitución, el Presidente y su gabinete de seguridad confrontan un dilema: si usan la fuerza para reprimir a los revoltosos seguramente acabarán fabricando mártires, que aun cuando caigan cometiendo crímenes, indudablemente pasarán a la historia como víctimas del Estado mexicano represor; de eso se encargarán los "intelectuales" que apoyan a los disidentes.

El Estado tuvo décadas para prepararse para exitosamente resolver una crisis como la actual, pero no aprovechó el tiempo disponible. Actualmente, carece de dos elementos que son indispensables para salir bien librado de un reto como el que enfrenta. Para empezar, todo indica que todavía no cuenta con fuerzas del orden que estén entrenadas adecuadamente para enfrentar y contener a revoltosos sin recurrir a excesos de violencia. Consecuentemente, es probable que cuando el Estado por fin intervenga, haya muertos y heridos que lamentar. Pero aun cuando el Gobierno lograra contener a la CNTE con un mínimo de sangre, la reputación del Estado mexicano manejando situaciones que potencialmente afectan los derechos humanos de las personas es tan pobre que difícilmente obtendrá el respaldo político de líderes de opinión domésticos e internacionales.

Consecuentemente, aun cuando las cosas se manejen con estricto apego a derecho y con precisión milimétrica, el Estado mexicano acabará pagando un fuerte costo reputacional. Esta es una de las consecuencias del enfado de la población con el Estado que guarda la corrupción y el Estado de Derecho en el País. Actualmente, pocos ciudadanos respetan y respaldan al Presidente y al Gobierno.

Para colmo, si el Ejecutivo federal decide adoptar una estrategia complaciente con los revoltosos, también saldrá perdiendo, puesto que los costos sociales y económicos que están pagando los habitantes de la región seguirán aumentando y habrá incentivos para que otros grupos disidentes reten el orden público. El desorden es un padecimiento contagioso.

En suma, el Ejecutivo federal está obligado a decidir entre dos opciones malas: imponer el orden por la fuerza con todos los costos asociados o claudicar y correr el riesgo de que la revuelta se extienda a otras partes del País.

Nada de esto debió haber sido una sorpresa para el Ejecutivo federal. Mucho antes de que se aprobará la reforma educativa se sabía que la Sección 22 del magisterio es liderada por radicales que buscan derrocar al Gobierno. Tampoco es un secreto la alianza entre la CNTE y AMLO, ni el desprecio de este hacia las instituciones.

Por estas razones, era obvio que llegaría el momento en que el Gobierno federal tendría que enfrentar una revuelta liderada por miembros de esa coalición. Lo único sorprendente es que con todos esos antecedentes, el Gobierno no estuviera preparado con una estrategia que combinara herramientas políticas, económicas, jurídicas, reputacionales y sociales para enfrentar y resolver la amenaza a un costo político y humano razonablemente bajo.

Dice el refrán: "Cría cuervos y te sacarán los ojos". Durante décadas el Estado mexicano toleró conductas inaceptables de la CNTE y AMLO. Ojalá que esta crisis no acabe tan mal como es fácil imaginar.

Publicado por Reforma
07-07-2016